Trabajando en: hacer como F. Alonso y pensar que esto de la impresión 3D puede funcionar. Sí. Como el Mc Laren.

Aunque llevo más de 20 años con el 3D como uno de mis hobbies favoritos de forma ininterrumpida, únicamente he podido dedicarme profesionalmente a ello en los años de la burbuja inmobiliaria, como infografista arquitectónico. Levantamiento de planos, renderización fotorealista de interiores y exteriores, secciones interiores isométricas, animaciones, y sobre todo, diseño y construccion maquetas físicas.

¡Ah!, los años dorados de la burbuja. Puede que nos trajeran la ruina y hundieran este país en el reinado de la corrupción, la miseria y los esclavos felices que gritan viva las cadenas, para no volverse a levantarse jamás. Pero me proporcionaron el mejor trabajo de mi vida.

El que no se consuela es porque no quiere, por lo visto.

Así que después de haber dedicado miles de horas a pegarme con edificios (la mayoría estéticamente corrosivos, todo hay que decirlo), algo de pasión por la arquitectura tenía que haberse pegado a mis venas.

Aunque lo de fabricar edificios para escenografía vio la luz en mi interior en aquellos tiempos en los que mi vida lúdica tenía como protagonista a los playmobil o el Ibertrén.

De hecho, mi primer experimento con la impresión 3D fue un edificio escala 1:150. Cuanto trabajas con maquetas arquitectónicas es muy divertido construir modelos a escala 1:32, 1:50 o 1:87. Incluso a escala 1:100 se disfruta. Pero cuanto te enfrentas a 200 adosados a escala 1:150, después de terminar los 2 primeros, el camino se hace más largo y complicado que la Odisea de Ulises para retornar a Ítaca.

Así que en mi cabeza las impresoras 3D y los modelos de edificios se alzaron como un tándem maravilloso de infinitas posibilidades.

Lástima que la realidad se empeñe en echar abajo este sueño.

Mis primeras experiencias reales, con intenciones comerciales, las llevé a cabo con edificios a escala 1:150 (escala N británica o N Gauge... para el que desconozca el por qué de este dominio) para modelismo ferroviario. Creo que la primera vez que subí un edificio a Shapeways para comprobar el precio sufrí tal shock que desde entonces nunca me acabo de creer a la primera que una empresa pretenda hacer negocio vendiendo productos con precios desmesuradamente absurdos para el tipo de producto en el que yo me muevo.

Quizás en el mundo de la joyería se puedan asumir estos costes, teniendo en cuenta que este tipo de objetos en el mundo real tienen carácter ciertamente exclusivo y habitualmente con un elevado componente emocional que justifica el precio, pero tratar de imponer un cálculo estándar para todos los objetos imprimidos en 3D, únicamente en función del volumen y el material que se necesitan para imprimirlos, es tan rídiculo que aún habiendo transcurrido 7 años desde aquella primera prueba, todavía me cuesta asumir que realmente los diferentes marketplaces de impresión 3D hayan adoptado esta misma política.

Imagina ir al supermercado y que te cobraran los productos simplemente en función del volumen que ocupan. ¿Pagaría alguien el papel higiénico 10 o 12 veces más caro que una latita de caviar beluga? Supongo que para el aficionado a las huevas de pescado este sistema sería ideal (broma escatológica eliminada), pero para el común de los mortales que consideran el papel higiénico o el agua mineral como un bien de consumo básico que debería ser vendido a un precio asequible, resultaría difícil justificar este sistema de precios completamente irracional.

Los marketplaces de impresión 3D no distinguen entre un tanque de plástico del que necesitas media docena de unidades, y que compite en el mercado tradicional con sus equivalentes en plástico, de una pieza imprimida en cera para dar forma posteriormente a las alianzas de diseño megaúnico y ultraexclusivo, o sea,  con los que Borjamari y Pochola a formalizaran su unión eterna ante los ojos de sus 2500 invitados.

Y el problema de los edificios, aún en escala N, es que son exponencialmente más grandes que cualquier anillo de boda. Por lo que la impresión 3D ha conseguido ofrecer una revolución industrial inversa que a diferencia de las anteriores, excluye a la mayor parte de la población de la mayor parte de los productos que a día de hoy puede ofrecer. Como los productos relacionados con el modelismo, wargames, juegos de mesa, etc., en los que habitualmente me desenvuelvo.
Aún así, en mi inocencia sigo pensando que algún día subiré un modelo a Shapeways y me encontraré con un precio razonable. Pero como ya he dicho, la realidad es un jarro de agua fría y cada intento es tan vano como el anterior.

Por ejemplo. Y ya que estoy trabajando estos días en modelos de artillería a escala 1:240 para wargames de 6mm, se me ha ocurrido transformar a esta escala uno de mis edificios escala N, para comprobar el presupuesto. Y el resultado es como de reir por no llorar.
 

Coste impresion 3D edificio escala 6mm en Shapeways

 

20€ por un edificio que mide 3x4x6 cm. con el material más barato (material en el que no se podría imprimir debido a que las paredes son de 0,3mm). En resina, que sí podría imprimise, pasaría de 30€.

¿Nadie se ha dado cuenta en Shapeways de que llevan 7 años con el cuento de que están promoviendo la impresión 3D, pero que la realidad es justo la contraria? ¿No se dan cuenta de que cada vez que un cliente entra a comprobar el precio de un producto de este tipo sale corriendo para no volver?

Sí. Como herramienta de prototipado hay que reconocer que Shapeways ha sido el gran impulsor de la popularización de esta tecnología. Pero curiosamente, la misma compañía ha puesto no poco empeño en tratar de convencer a la humanidad que lo del prototipado rápido era una cosa de hace 20 años, y que ahora de lo que se trata es de "fabricación distribuida" o algo así.

Y si hablo de Shapeways es simplemente porque es la opción más barata. El resto de marketplaces es todavía más caro.

Pero toda esta perorata que vuelve a incidir en el tema recurrente del elevado precio no es simplemente por dar rienda suelta a mis lamentos.

La razón principal de esta reflexión tiene que ver con el hecho de que en este momento, y tras estos 10 años dando vueltas al mismo tema, la impresión 3D, tal y como yo la considero una herramienta para conseguir desarrollar una actividad comercial, es un verdadero callejón sin salida.

Recientemente he estado exponiendo públicamente en algunos foros relacionados con juegos de mesa (la BGG, la BSK, la Armada, etc) así como he venido haciendo habitualmente en las redes sociales, el resultado de mis experiencias con la escenografía tridimensional del Imperial Assault.

La respuesta suele ser bastante positiva y parece que resulta ser una creación que atrae notablemente a los espectadores. Pero ante la cuestión habitual acerca de mis intenciones de comercializar los módulos, mi respuesta suele ser considerablemente incierta.

  • Vender los módulos como productos imprimidos a través de marketplaces es impensable económicamente. Si la casita de escala 6mm tiene un precio absurdo, imaginemos módulos que pueden llegar a tener un tamaño de 30x20cm.. Bueno, no hace falta imaginarlo, si alguien quiere echar un vistazo al coste en Shapeways, puede hacerlo aquí: https://www.shapeways.com/shops/jebbimettal?section=Imperial+assault+sce.... Aunque estos precios son para el material WSF, en PLA serían un 30% más baratos, más o menos.
  • Encargar los módulos a través de pequeñas empresas que se encarguen de la producción es más barato. Pero hablamos de unos 25€ por un módulo de 4x4 casillas, que es de los más pequeños. Si el conjunto de escenografía incluye más de 100 módulos, además de las puertas y elementos de mobiliario, entenderemos que el precio debería reducirse 25 veces para que alguien pudiera empezar a plantearse adquirir un producto tan complejo.
  • Producir en resina requeriría fabricar moldes para cada pieza y disponer de un taller. Si eso es inalcanzable para mi, solo de pensar en el trabajo que llevaría producir todos los elementos de cada conjunto de escenografía se me cae el alma al suelo.
  • Vender los archivos STL a través de marketplaces como CGTrader y que cada uno se lo imprima como pueda. Es la mejor opción, obviamente. Aunque como ya he mencionado en algún artículo, el desinterés absoluto de la industria de la impresión 3D por la autoría de los modelos, convierte a los STLs en el pasto ideal para los piratas. Ni se puede controlar el uso comercial que se haga de estos STLs una vez "liberados" en internet, ni se puede controlar el hecho de que una factoría en el lejano oriente decida usar estos STLs para imprimir los modelos y venderlos en cualquier portal comercial. Quizás sea demasiado paranoico, pero ante la imposibilidad de demostrar la autoría de un archivo STL, si alguien decide hacer uso y abuso del mismo, es prácticamente imposible evitarlo.
  • Hacer un crowfunding. Reúnes en un mismo evento comercial a la mayor parte de tus posibles compradores, recibes de una vez la mayor parte del dinero que vas a poder sacar del proyecto y te aseguras de que si se produce pirateo del malo, por lo menos no te deje con los bolsillos vacíos.

Total, que la cosa es ciertamente complicada. Así que de tanto darle vueltas he decidido desconectar las neuronas dedicadas a este proyecto y ceñirme a otros de los cientos que tengo pendientes.

No solo porque estoy cansado de darle vueltas y de la vorágine procastrinadora, sino porque tengo un montón de filamento "malo" que tengo que fundir, nunca mejor dicho, antes de reponer las existencias.

Y aquí entran en juego los edificios en escala 1:50, aproximadamente, para escenografía de wargames. Algo que he pospuesto durante años porque ningún edificio de escala superior a 1:150 es asumible económicamente imprimiendo a través de los marketplaces online, y que ahora con mi propia impresora 3D en casa se ha vuelto factible.

Ya he ilustrado las pruebas con este tipo de edificios en algún artículo previo, http://ngauge.es/content/el-abc-de-la-impresion-3d-en-el-vacio-nadie-pue..., pero el asunto no es describir lo bonitos que quedan una vez imprimidos, y lo contento que estoy con mi nueva escenografía para jugar en casa, sino lo complicado que es enfrentarse a las posibilidades comerciales de este trabajo y encontrarse de nuevo con los mismos problemas que he descrito para el proyecto del Imperial Assault.

Como ejemplo sirva este pequeño adosado de aires retrofuturistas con unas medidas de 15x25x14 cm. 

 
El presupuesto más barato que he podido encontrar en 3dHubs.com en PLA es de 75€, con una altura de capa de 0,15mm.
 
Así que el problema no es comercializar el STL de este modelo a través de un marketplace, o hacer un kickstarter de edificios molones para dar estilo y buen gusto a tu mesa de juego, sino plantearse el hecho de que para imprimir este tipo de modelos tan grandes es necesario si o si disponer de una impresora doméstica.

Y eso es algo que, a día de hoy y tal y como se ha enfocado la impresión 3D doméstica, es imposible.

Porque al fin y al cabo, aunque uno no tenga disponibles edificios molones para su mesa de juego... todos hemos flipado igual con las batallitas usando cajas o libros para representar cualquier escenografía en un mundo, el de los wargames, en el que lo más divertido es simplemente imaginar.

Y ahí se va a quedar este sueño de los edificios y la escenografía tridimensional.

En mi imaginación.