Shapeways, ¡qué has hecho con mi marketplace!

Creo que hace unos 2 años que no he vuelto a mencionar en el blog a ese amor de mi juventud que fue Shapeways, pero como los amores de verdad nunca se olvidan, reconozco que con los años entre esta "plataforma online de impresión 3D" y yo se ha establecido una suerte de relación que podría encuadrarse dentro de la categoría de antigua-novia-que-sin-piedad-te-pisoteó-el-corazón-y-lo-tiró-a-la-basura, a la que, de vez en cuando, y en tus más oscuros rincones de la nostalgia, todavía recuerdas con cierto cariño.

Quien a estas alturas no haya oído hablar de Shapeways, digamos que es una startup que nació allá por finales de los 2000 y con la que tuve un primer contacto / amor a primera vista, en 2010.

Su cometido era el de ofrecer un marketplace (palabra chula para definir a las tiendas online en neolengua 2.0) en el que avezados modeladores 3D (como yo) pudieran subir sus modelos y venderlos ya imprimidos a los incautos compradores, estableciendo Shapeways el coste de impresión, al que los diseñadores añadíamos la cantidad adicional que queríamos recibir por cada unidad.

Esto proporcionaba a la "comunidad" una forma segura de vender los modelos sin que los archivos de los mismos (en formato STL, habitualmente) terminaran vagando sin control por cualquier servidor desconocido, y al mismo tiempo, ofrecía a los compradores un precio "relativamente asequible" para unos modelos cuyo atractivo recaía en su exclusividad. No tanto por ser únicos, sino por ofrecer posibilidades de modelado y producción para los que la industria tradicional de moldeado en plástico (o resina, o metal, ... ) ofrece serias dificultades, bien técnicas, bien económicas.

Hasta el momento, un pequeño artesano que decide producir un modelo necesita obtener un máster, crear un molde y producir la tirada. Si el molde es para plástico, costará un pastón y el precio repercutido por unidad será muy pequeño. Si el molde es para resina (o metal blanco), será muy barato, pero el número de unidades que se pueden hacer con él será pequeño y tendrá que crearse un nuevo molde para cada nueva tirada, con lo que el coste repercutido por unidad será mayor.

Utilizando la impresión 3d para vender directamente objetos imprimidos, se eliminá la necesidad de tener que producir un máster y el molde, y la inversión inicial es mínima para producir una miniatura. Así, si no vendes ninguna, solo pierdes el tiempo invertido en diseñarla. Razón por la cuál, personas como yo, con todos los conocimientos técnicos de modelado 3D, pero sin recursos económicos, parecíamos tener una oportunidad de poner a la venta nuestras creaciones que hasta ese momento no era más que un sueño.

Y Shapeways, fue la primera empresa que afirmó poder transformar ese sueño en un viso de realidad. 

La nueva Revolución Industrial, lo llamaron. La Revolución Industrial Definitiva, lo denominaron otros. La Edad de Oro, se atrevieron a nombrarla los más avezados.

Pero la realidad, es que bajo todo ese trampantojo para inversores despistados, lo que provocó el éxito de Shapeways, como uno de los primeros ejemplos de los que tuve noticia de eso que iba a denominarse posteriormente como "economía colaborativa", fue el brutal diferencial de precios respecto a la competencia. 

Diferencial que fue convenientemente disfrazado de proceso productivo innovador, pero que en la realidad es uno de los casos más flagrantes de "Dumping" de los que haya tenido noticia. Pues con el tiempo se ha demostrado, y a cuenta de eso estoy escribiendo estas palabras, que tras 10 años de darle vueltas, y de haber fundido millones de dólares, y de haber sangrado a miles de diseñadores de su "comunidad", y de no haber aportado absolutamente nada (en concepto de I+D+I) al mundo de la impresión 3D, Shapeways sigue sin ser capaz de obtener un solo dólar de beneficio de esas 45000 tiendas en su marketplace de las que tanto ha presumido.

No obstante, hay que reconocer que, en aquel momento y por primera vez en la historia (y por lo visto, puede que la última), tecnologías de prototipado rápido como SLS (nylon) o SLA (resina), anteriormente restringidas a procesos industriales por su elevado coste de producción, se ponían al alcance de todo el mundo a un precio impensable para cualquier interesado en la impresión 3D.

Como modelista aficionado desde la más tierna infancia y modelador 3D desde que accedí a a mi primer PC antes de que la mayor parte de la población supiera siquiera qué era exactamente un ordenador, aquella propuesta de Shapeways parecía una oportunidad de oro para poder convertir el modelado 3D en una profesión, sin tener que realizar inversiones económicas imposibles, y  compitiendo prácticamente de tú a tú en cualquiera de los ámbitos modelísticos (modelismo ferroviario, estático, slot, miniaturas para wargames, juegos de mesa, etc.) con los materiales y métodos de producción convencionales.

Hablamos de que un modelo de carro acorazado en escala 1:56 para utilizar en wargames, resultaba más barato de imprimir en Shapeways que su contrapartida en kits de plástico de marcas comerciales, con una calidad que desde mi propia opinión de aficionado requeteexigente y cuentaremaches, era suficiente para lucir en la mesa de juego con un aspecto más que envidiable (sobre todo, frente a los burruños de metal de la época).

Aquel noviazgo soñado duró más o menos hasta 2014, en el que Shapeways llevó a cabo su primera puñalada traperta a la "comunidad": el precioapocalipsis de octubre de aquel año será recordado como el momento preciso en que la subida brutal de precios del material más asequible (nylon SLS, denominado white strong & flexible, WSF) terminó con todo el amor y la confianza puesto en la relación, y especialmente con los ahorros gastados en imprimir mis propios modelos para aprender, comprobar, revisar, rehacer, modificar y confirmar el acabado de los mismos. Pero también con la confianza en un modelo de negocio que parecía estar basado en perder dinero en cada producto finalizado, en un proceso que incluía la impresión, pero también la optimización de cada lote en cada impresora para amortizar tiempo y espacio, la catalogación de cada pieza en cada pedido, la postproducción y limpieza de cada pieza, generalmente realizada a mano, y el empaquetado y envío .

El precioapocalipsis, disfrazado de "optimización" de costes, dio al traste con cualquier posibilidad de vender los modelos a precio asequible. 

Por ejemplo, un edificio para modelismo ferroviario con un coste de 20€ (en escala 1:160), no parece extremadamente caro, pues sus contrapartidas comerciales en resina pueden costar el doble, pero cuando te paras a pensar que para una maqueta normalita puedes necesitar 10, 20 o 50 edificios, el coste se adentra en la categoría del absurdo. 

Así que a partir de 2014 decidí aceptar las condiciones impuestas por Shapeways tras tremenda traición y volver a empezar una nueva etapa en nuestra relación, orientando mi trabajo a vender másters en resina a empresas que se dedican a producir modelos para wargames.

Llegué a modelar tantas piezas de artillería de la segunda guerra mundial y finales del s. XIX que la verdad es que ahora mismo, contemplar los modelos imprimidos para testear en sus bolsas, amontonados en la estantería sin siquiera haberlos montado, me da hasta repelús. 

Estas copias imprimidas en resina tenían un precio muy asequible para lo que supone producir un máster, pero además, en relación a lo que tradicionalmente supone realizar un máster "a mano", era una opción comercialmente maravillosa, incluso teniendo que pagar las pruebas de impresión de mi bolsillo para comprobar que los modelos no presentaban errores.

Aquella fase de la relación con Shapeways fue extremadamente estimulante, con ilusión renovada y expectativas de ver mis modelos llegando al "gran público" (esa grata compensación a la que aspiramos todos los "artistas"), pero los "gatillazos" en buena parte de los proyectos con las empresas con las que colaboraba terminaron allanando el camino hacia el fracaso, hasta que en los inicios de 2017, Shapeways se sacó de la manga el Precioapocalipsis II, acabando con todas las posibilidades económicas de la resina, del mismo modo que habían hecho previamente con el WSF.

Si yo cobro X por entregar un máster de un modelo, donde la mitad de X se va en pruebas de impresión, y de pronto el coste de impresión se dobla, triplica o incluso decuplica, entonces X tiende a 0 ( o a menos infinito) y es en ese momento en el que tienes que repercutir la subida en tus presupuestos, cuando empiezas a recibir contestaciones del tipo "es demasiado caro", cuando la realidad es que en este mundillo, a los escultores / modeladores ya se les paga lo justo para no entrar en el terreno de la miseria. Si es que se les paga...

Pero volviendo a Shapeways, aquello fue la puntilla a nuestra relación. Simplemente no puedes gastarte 250€ en imprimir un máster, cuando una semana antes el precio era de 50€, sin saber siquiera si todo es correcto y no tendrás que iterar sobre el modelo un par de veces más para dejarlo perfecto, sacrificando otros 250€ en cada ocasión.

Desde entonces he hecho más trabajos, pero solo incluyen el modelado y la entrega del archivo en formato STL. De la impresión, que se encarguen otros. 

A Shapeways mejor no tocarlo ni con un palo. Aunque mis dos siguen abiertas porque con el trabajo que les he dedicado, cerrarlaras sería un poco absurdo. No gano nada, porque nadie en su sano juicio está dispuesto a pagar esos precios, pero tampoco pierdo nada.

Y por ello, y tras más de un año sin vernos las caras, hoy he recibido un email avisando de que alguien ha comprado uno de mis modelos pero éste "no era imprimible". Resulta curioso que en su momento fuera 100% imprimible, porque me aseguré de ello pagando por cada pruebas de impresión, pero que desde hace un tiempo, y como tantos otros modelos complejos, Shapeways lo rechace con argumentos absurdos. Supongo que para evitar el coste de postproducir y limpiar piezas pequeñas y finas.

No obstante, lo que me ha llamado la atención no es eso, sino el cambio profundo que han realizado en la página, y que les ha llevado a eliminar cualquier referencia al marketplace, al cuál solo se puede acceder desde un pequeño enlace en el pie.

Y por si fuera poco, desde la propia zona de usuario es complicado encontrar el enlace a la zona de administración de los modelos subidos y todavía más al botón de subir un nuevo modelo. La gestión de los productos de la tienda es un infierno y por enésima vez han cambiado el sistema de catalogación.

Una empresa que ha recibido millones de dólares en rondas de financiación y no ha sido capaz de implementar un sistema para no tener que ir modelo por modelo estableciendo las categorías y el importe que el diseñador cobra por modelo vendido. Cuando son 10 modelos no hay problema, pero cuando empiezas a contarlos por centenas, puedes pasarte media vida realizando un trabajo que debería haber sido automatizado en la primera versión del marketplace.

Pero lo más gracioso ha sido comprobar que los precios han vuelto a ser modificados. Optimizados, alega el CEO de Shapeways. Maximizados, diríamos los diseñadores.

Sin embargo, en esta ocasión, y por vez primera en 10 años, la empresa reconoce que jamás ha ganado dinero con su flamante marketplace, el cuál se ha convertido en una patata caliente que no saben cómo quitarse de encima.

45000 tiendas, cientos de miles de modelos, millones de unidades imprimidas (según ellos), y ni un céntimo de beneficio. 

Si la solución es vender el marketplace de una empresa cuya bandera era el marketplace, reconociendo que el marketplace no era más que un cebo para inversores, creo que el concepto de "pegarse un tiro en el pie" le viene mejor que ni pintado.

En 10 años, y con millones de dólares embolsados, una empresa de semejante envergadura, actuando como bandera de la "Tercera Revolución Industrial" (y parte de la Cuarta) debería haber sido capaz de legar algo de provecho a los anales de la Humanidad. Pero la realidad es que la "comunidad de diseñadores" lo único que hemos obtenido ha sido un gritón de horas de trabajo invertidas en las tiendas a cambio de nada. La "comunidad de compradores" lo único que han obtenido es un montón de piezas con inenarrables fallos de producción a precios de orfebrería. Y la "comunidad de la impresión 3D" lo único que ha obtenido ha sido... nada. Nada de nada. 

Si esos millones de dólares se hubieran invertido en desarrollar nuevas tecnologías, mejorar las existentes, especialmente aumentar la velocidad de impresión, refinar los materiales, abaratar los procesos productivos, reducir las necesidades de postproducción, etc., quizás podríamos honrar el esfuerzo de Shapeways por aportar algo positivo al progreso humano, pero el único cambio que ha realizado la empresa de importancia en estos años, ha sido el de llevarse la sede de Eindhoven a Nueva York para abaratar costes y buscar subcontratatas para realizar la impresión cada vez peores y cada vez con resultados más irritantes. No se exactamente el número de impresiones que habrán tenido que repetir por el increíble nivel de errores y baja calidad en las piezas, pero es probable que duplique o triplique el número de solicitudes originales.

Más allá de la relación ingresos / costes, no creo que haya ninguna industria que pueda sobrevivir ofreciendo al público piezas que contienen semejante nivel de fallos.

Y ese es uno de los más fascinantes ejemplos de cómo el sistema productivo global se ha agotado, sin ofrecer nada realmente nuevo desde hace décadas, aparte de las economías colaborativas, cuyo objetivo no es otro que desacoplar a los empleados de sus empresas y convertirlos en autónomos depauperados ("la comunidad") al ritmo que crecen los beneficios empresariales, o del "rescate y embellecimiento" de tecnologías añejas como las que conforman el mundo de la impresión 3D a nivel "popular", cuyos resultados, más que ausencia de progreso, lo que están provocando es un retroceso frente a la produccción tradicional.

A muchos se les llena la boca con esta historia de la nueva revolución industrial, pero si ésta revolución consiste en ofrecer productos extremadamente caros, extremadamente problemáticos, a precios extremadamente elevados, y sin beneficios para las empresas, las cuáles sobreviven a base de rondas de financiación (o sea, deuda) yo creo que deberíamos empezar a pensar que ese lugar desconocido en el que nos estamos adentrando, deberíamos denominarlo "Primera Involución Industrial".

P.D.: no suelo andarme con justificaciones. Y sí, evidentemente, obviamente, efectivamente, la impresión 3D como ente abstracto tiene mucho que ofrecer. Pero aquí de lo que hablamos no es de tecnologías reales y maravillosas aplicadas a necesidades reales como la medicina, sini de esa visión de la impresión 3D popularizada por los telediarios y los publireportajes que iba a cambiarlo absolutamente todo, pero que año tras año, sin evolucionar, sin suponer ninguna revolución (es decir, menores costes, más producción, como cualquier revolución industrial de las de toda la vida), demuestra que no es capaz de ofrecer una alternativa a los procesos tradicionales de fabricación, ni mucho menos, de permitir que la producción sea accesible a pequeños artesanos sin tener que hacer enormes inversiones.

Por que, al fin y al cabo, eso es lo que se prometía y no se está cumpliendo.