El ABC de la impresión 3D: "no es país para filamentos viejos". O "el viejo soy yo y no tengo ni idea de qué es lo que pasa".

Estaba yo imprimiendo tan tranquilamente mis módulos para la escenografía tridimensional del Imperial Assault, a un ritmo más o menos de 0,5 módulos por día (bonita estadística que quiere decir que el fin de semana imprimo 4 piezas y el resto de la semana me da tiempo como mucho a tirar alguna pequeñita), cuando de repente ocurre un problema y uno de los módulos de 4x4 casillas falla en la impresión.

Pero no falla cuando estás allí al lado de la impresora supervisando el proceso. No.

Te has ido a dar una vuelta para recuperarte de la comida de Navidad con los amigos y al llegar a casa te encuentras que la impresora se ha obstruido en algún momento, alrededor de una hora tras comenzar la impresión, y como la máquina es absolutamente pasiva y no dispone de sistema de control alguno, ha continuado con el proceso durante otras 3 horas, con el extrusor taponado y el filamento recociéndose y requemándose hasta carbonizarse en el interior de la boquilla.

Y con toda la paciencia que te permite el mal estado de tu cuerpo tras una noche de esas en que Cthulu se alza de entre los jugos gástricos de tu estómago, vas limpiando poco a poco el extrusor con todos los remedios caseros disponibles hasta que consigues eliminar todos los restos y ver fluir de nuevo el filamento puro y prístino con el mismo deleite que en los días previos, cuando todo funcionaba correctamente y parecía que ese rollo de PLA transparente iba a convertirse en lo mejor del año.

Así que preparas todo el sistema de nuevo para lanzar la pieza fallida, pones en marcha la impresión y te vas tranquilamente a reposar y ver una peli, y en ese momento en que sales del mingitorio de mingitar y por curiosidad echas un vistazo, te encuentras en un déjà vu tan desconcertante que ocupa todo el espacio disponible para el cabreo: "este fallo ya lo he visto antes". 

La impresora imprimiendo en el aire con el extrusor taponado y la pieza exactamente en el mismo estado que la anterior. 

¿Cómo es posible que la máquina se obture exactamente en el mismo punto en dos impresiones diferentes?.

¿Quizás el STL o el archivo de impresión correspondiente a la pieza tiene un error y provoca que la máquina deje de extruir en ese punto determinado?

Solución: volver a generar el STL y el archivo de impresión, cambiando la posición de la pieza y rezar al dios del i-code (si, es lo que tiene comprar una impresora sin que nadie te avise que usa un código de impresión propietario y diferente al g-code universal) para que todo salga bien.

Nueva limpieza del extrusor. Tercera impresión con un nuevo archivo.

Tercer fallo.

Y esta vez la impresora se obstruye unos minutos después de comenzar el trabajo.  

Locura. Dolor. Rabia. Desesperación. Frustración. Ira. Odio. Muebles volando por la habitación. Pelo naranja en llamas. Piel verde. El horror, el horror...

El corto camino al lado oscuro recorrido de principio a fin en tan solo 6 meses junto a este maldito artefacto con el poder de un teseracto Sith.

Y habándo de Siths, Él es mi padre. Y en medio de estos días de locura, viene a casa Él solo, cuando no hay nadie. Para "ayudarme" a arreglar la persiana caida del salón. Él solo. Enfrentado a una persiana de 2 metros de ancho y 30 años de antigüedad. Raída por el sol y combada. Persiana responsable en parte de esta oscuridad que me rodea. Sobre todo cuando estoy en el salón y se funde la bombilla.

Pero a diferencia de Vader, que logra sujetar a Luke cuando está a punto de caer, mi padre carece de componentes biónicos y cuando la persiana parece que va a lograr alzarse de nuevo, le fallan los midiclorianos y se deshace en las múltiples lamas que la componen, inclinándose como en cámara lenta hacia la calle, dispuestas a asesinar a cualquier peatón, mientras la mano de mi progenitor únicamente consigue sujetar un par de ellas y el resto precipítanse al vacío y estréllanse en la acera una tras otra como una lluvia de flechas de PVC esclavas de la gravedad.

Y así, tras este extraño entreacto, con mi padre en perfecto estado pero todavía no repuesto del susto, cero peatones muertos por lama de persiana y una bocanada de luz invadiendo de nuevo la casa, con toda la serenidad que uno puede extraer de su ser en un momento tan poco propicio, recupero una pizca de cordura y decido dar comienzo a la cuarta impresión.

No sin antes proceder a la correspondiente limpieza e impresión de prueba de un cubito de 1,5cm. cuyo aspecto es inmejorable.

¿Se habrán terminado los problemas?¿Habrá sido un cúmulo de casualidades?¿Volverá la paz y la tranquilidad de pensar que algún día seré capaz de imprimir los 64 módulos diferentes que hay en la caja base del juego además de los que inclue la expansión de Sombras Gemelas?

Porque llevo 10 meses con esto y únicamente tengo 10 módulos terminados.

Y comienza la cuarta impresión. 

Cuarto comienzo prometedor.

Cuarto atasco.

Cuarto impresus interruptus.

En el mismo punto de interrupción que las dos primeras. Para más inri.

 

Museo de los horrores de la impresion 3D: cuatro fracasos como cuatro soles

Y caigo de rodillas sobre el suelo, clamando al cielo por mi desgracia, mientras las imágenes de estos seis meses de fallos, errores, problemas y fracasos que han vestido mi pelo con miles de finas hebras de color plata desfilan ante mi tercer ojo. Y ahogado en un grito de agonía, alzando la mirada a ese cielo que no veo porque lo tapa el techo de la habitación con esa lámpara del proveedor sueco que da pena verla, mi vista se detiene un instante en su recorrido en uno de los estantes superiores de la librería donde almaceno el filamento. Y con su azul celeste iluminando mis ojos henchidos por las lágrimas de frustración, se alza ante mi el último rollo de PLA que todavía permanece sin estrenar. Y de nuevo vuelven las energías a mi alma, imbuidas por el aroma que levanta el cúter al rasgar el retractilado y liberar al aire las esencias que impelen a miles de youtubes a grabar y reproducir ante la humanidad en un contínuo sin fin todo tipo de desembalajes ("unboxings" lo llaman los aprendices de vendedor de teletienda que no respetan el legado histórico de nuestro maltratado castellano) como si a algún humano cuerdo le pudiera interesar ver a otro humano abriendo una caja en la que antes de empezar ya te avisan de lo que hay dentro, eliminando cualquier posibilidad de sorpresa, que es la gracia fundamental de abrir una caja, y reuno las fuerzas necesarias para acometer una última intentona antes de animar a mi impresora a seguir el mismo camino de la persiana del salón.

Y nueva limpieza. Y nueva preparacíon exhaustiva. Nivelando la cama de impresión 3 veces seguidas en un arrebato de responsabilidad. Ni una, ni dos, sino 3 veces el mismo proceso para lograr la perfección rasante micrométrica.

Y enciendo la máquina y comienza a calentarse. Me pongo los guantes de seda y extraigo el Battle Hymns de los Manowar de la funda. 40ºC y subiendo. Deposito el vininilo en el tocadiscos y elimino cualquier mota de polvo, depositando la aguja con la misma presión con la que una hoja otoñal cae sobre el cesped en una mañana sin brisa a 0,1mm de la superfice del disco. 75ºC y subiendo. Extraigo la guitarra de la funda y selecciono la pua más dura disponible. Dura como el metal con el que se forjan los sueños de cualquier jebi. 125ºC y subiendo. Comienzo con la afinación procurando bajar medio tono. 175ºC y subiendo. 19 años desde que me compré la guitarra y no soy capaz de distinguir una LA de un DO. 190ºC y subiendo. Enciendo el ampli, preparo la pedalera y el suelo vibra de emoción. 210ºC y subiendo. En realidad a 210 debería empezar la impresión, pero por algún concepto absurdo de diseño debe llegar a 220ºC y luego volver a descender. Me entretengo probando algunos efectos. 200 malditos efectos y solo uso un par de ellos. Qué desperdicio. Como hecho de menos mi pedal MetalZone. Ahora bajamos a 205ºC. Sí, es así de absurdo. Ahora vuelve a subir. Estoy preparado. ¡210ºC y la máquina se pone en marcha!. La aguja recorre la décima de milímetro hasta encontrar su sitio en el surco y arrancan los primeros acordes del Death Tone. El plástico fluye por el extrusor y parece pegarse a la cinta de carrocero sin problemas. La caña metálica abarrota el espacio disponible en la habitación y hasta la impresora tiembla. Termina el "brim" y empieza la impresión de la primera capa. Subo el ampli porque el bajo de DiMaio atrona mis oidos y no soy capaz de oirme. La impresora cabalga a ritmo de doble bombo. Me están dando taquicardias. A mis vecinos supongo que también. Termina la primera capa. Que poco valorado está Mr Adams pero definitivamente es el único que podría cantar delante de Odín el día del Ragnarock sin ser descuartizado. Abro la puerta y la ventana del salón despejada de persiana para que todo el mundo en el piso y en el barrio comparta mi alegría porque hay tanta caña en tan poco espacio que me está oprimiendo el pecho. Termina la primera capa y me hago un solo de los que son capaces de matar y destuir el concepto de "música" y "armonía", y como hace siglos que no toco, hago una pausa breve para ponerme una tirita (de cinta de carrocero que sirve para todo) en la zona de la ampolla habitual del dedo anular. La verdad es que la contractura en el hombro de me está matando y me duele un poco la cabeza. La primera capa está completa y da comienzo la segunda. Termina la canción y me duelen los dedos. Maldita artritis. Pongo la cinta de carrocero en las "orejas" de la pieza porque a pesar de todo, la cama no está del todo bien nivelada. Apago la música, recojo los enseres y tras aceptar por enésima vez mi derrota frente a las 6 cuerdas, me vuelvo al ordenador a seguir con mi rutina habitual de modelado, que es lo único que se me da bien.

4 horas después la pieza está terminada, el color azul es supercuqui y siento que he perdido otros cinco días de mi vida pegándome con un aparato que compré precisamente con el compromiso de pagarlo caro a cambio de no tener que pasarme el día pegándome con la frustración y el agobio de perder un tiempo que cada vez es más precioso.

 

Estrenando el filamento azul y la impresión 3D sale perfecta
Y a pesar de todo, sigo sin tener ni la más remota idea de por qué me pasa esto con el filamento y tengo una caja llena de bobinas a medias con las que no me atrevo a imprimir porque pasado un tiempo indefinido de impresión, el extrusor se atasca.

Pero bueno, pasado mañana es Nochebuena y en breve despediremos este año que se conocerá en tiempos futuros como el Año de la Gran Decepción de la Impresión 3D Doméstica, con la sabiduría que me da el fracaso de saber que el año que viene no será mejor.

Sin más,

¡Felices Fiestas a todos!.