El ABC de la impresión 3D: hoy solucionamos la eterna pregunta. ¿Comprar o no comprar una impresora 3D?

Desde que adquirí mi impresora, me han preguntado numerosas veces si considero que comprarse una impresora 3d es una buena opción para los aficionados al modelismo en aquellas vertientes de este hobby en las que ocupo mi tiempo de esparcimiento (modelismo ferroviario, modelismo militar, wargames de miniaturas, juegos de mesa...).

La verdad es que es una pregunta complicada porque como todo en esta vida depende de cada persona, y a mi personalmente no me gusta crear opinión. Considero que en internet hay información tan abundante hoy en día que todo el mundo puede acceder a ella y crearse una opinión al respecto sin que el gurú de turno tenga que decirte lo que debes o no debes de hacer.

No obstante, lo que si puedo hacer es explicar los motivos que me han llevado a comprar mi impresora 3d, y los motivos que durante 10 años me han llevado a no comprarla.

Pero empecemos por el principio: ¿por qué plantearse comprar una impresora 3D?

En mi caso, trabajando como maquetista arquitectónico y "jugando" en el taller con un plotter de corte láser, el advenimiento de la impresión 3D suponía la posibilidad de reducir el tiempo de trabajo y mejorar la productividad.

Así que el planteamiento original proviene de mis obligaciones laborales en aquella época.

Para hacer un pastilla con 150 adosados todos iguales, trabajando de la forma tradicional (sin entrar en moldes y resina) no quedaba más remedio que cortar y montar a mano cada uno de los edificios, usando diferentes materiales y tipos de pegamento. Aquello requería un número de horas muy elevado que alargaba los proyectos y dejaba poco beneficio.

Con una impresora 3D, parecía que el trabajo podía reducirse a realizar el modelo en 3D (trabajo que ya se hacía para las infografías y animaciones) y darle al botón de imprimir.

Solamente el hecho de plantearnos reducir a cero el tiempo que perdíamos haciendo los chaflanes en las esquinas de los muros, podíamos considerarlo todo un triunfo.

Las horas perdidas cortando y pegando cientos de piezas se volvían mucho más amenas soñando con máquinas fantásticas que vomitaban edificios sin parar uno tras de otro. Y era un sueño muy poderoso. Pero ante las demostraciones que disfrutamos en primera persona en el SIMO 2006 (qué tiempos los del SIMO) descubrimos que las posibilidades que ofrecían las máquinas disponibles (a precio asumible) en aquella época, no nos iban a permitir usarlas prácticamente para nada.

Las ZCORP de la época con sus impresiones a color fueron la mayor decepción. No tenía resolución para los detalles de escalas pequeñas como 1/87, 1/100 o 1/150 con las que trabajábamos habitualmente, y el grosor mínimo para las piezas debía ser de 3mm.

La otra tecnología disponible, fabricación con filamento fundido o FFF (conocida también como FDM, "fused deposition modelling", pero ésta es marca registrada) en pleno momento de la popularización del movimento RepRap, era el gérmen de lo que hoy conocemos como "impresoras domésticas". Pero aquella tecnología estaba en pañales y solamente el aspecto de las piezas imprimidas, con el típico rayado horizontal debido a la superposición de capas, impedía contemplarla como una posibilidad.

Y así vino la crisis del 2008, la empresa cerró, me reconvertí en diseñador web y durante una temporada, el tema de las impresoras 3D se retiró a un oscuro rincón de mi cabeza a hibernar.

Hasta que en 2010 descubrí Shapeways, un chiringuito (ellos lo llaman marketplace) de impresión 3D, ofreciendo dos tecnologías de impresión que hasta ese momento eran prohibitivas fuera del entorno industrial: SLS y SLA.

La primera usa un láser para fundir nylon pulverizado y la segunda también usa un láser pero para solidificar una  resina fotosensible.

Las prestaciones de ambas tecnologías eran muy superiores a las máquinas FFF, y después de las primeras pruebas que  me volaron la cabeza sin contemplaciones, he tenido la posibilidad de conocer de primera mano todo el rosario de  limitaciones que presentan ambas tecnologías. Limitaciones diferentes a las máquinas de filamento, pero que  presentan el mismo nivel de dificultad para aceptar que la impresión 3D, tal y como la han planteado en los últimos  años, pueda ser algo más que un modelo de producción marginal para caprichos y compras ocasionales, incapaz de  competir, ni de lejos, con los formas de producción tradicionales.

No voy a entrar en detalles, para eso quizás escriba otro artículo, pero la incosistencia en el proceso de impresión  dificulta enormemente desarrollar modelos que puedan ser imprimidos correctamente, con garantías de que el comprador  al abrir la caja va a obtener un producto de calidad (teniendo en cuenta además el eleveado coste y limitadas prestaciones de los materiales respecto a los  tradicionales plásticos, resina o metal).

Pero a pesar de las limitaciones, se pueden hacer cosas muy chulas tanto en nylon como en resina, sobre todo para escalas pequeñas como la que utilizo  habitualmente en mis proyectos de modelismo ferroviario (escala N británica, 1:148, o "N Gauge") que da nombre a  este sitio web. No obstante, el coste de impresión, proporcional al tamaño de los modelos, convierte la odisea de  imprimir los edificios de una maqueta normalita en una inversión económica de tal magnitud que resulta imposible plantearse utilizar la fabricación aditiva para este tipo de proyectos de modelismo que requieren muchos elementos imprimidos con un volumen total resultante mayor que el de una manzana.

Realizar un edificio ferroviario grande, como una estación o un almacén suponía ya un gran ejercicio de voluntad  económica (de voluntad de desembolso, quiero decir) por lo que buena parte de mis proyectos para escalas grandes  (1/72, 1/56, 1/48, 1/35) mayores que un edificio a escala 1/148, relacionados con escenografía para wargames o  juegos de mesa quedaron aparcados sine die.

Este hecho tiene un lado bueno, que es el de haber desarrollado una enorme pasión por los vehículos militares de  pequeño tamaño (entreguerras, Guerra Civil Española y primeros años de la WWII) y la artillería de campaña, más  asequibles en mi escala preferida (1/48), pero mi pasión por la arquitectura a escala, con la que dio comienzó mi  relación con la impresión 3D, no podía satisfacerse solamente con los modelos para mi maqueta ferroviaria, así que  con el tiempo comencé a valorar de nuevo las posibilidades de las impresoras FFF, debido sobre todo al aumento de  volumen de las máquinas, la mejora en la calidad del acabado y la "profesionalización" de las mismas.

Y en aquel momento comencé a plantearme a mi mismo la pregunta que da título a este escrito: ¿por qué o por qué no  comprar una impresora 3D?

Pero las respuestas siempre aparecían en forma negativa: no comprarla porque no tiene resolución suficiente, porque  el diseño de las piezas para ser imprimidas es complejo, porque no puedo imprimir detalles de menos de 0,4mm, porque  es muy lenta, porque el PLA no es como el ABS que puede "fundirse" para unir distintas partes, porque no tiene  nivelación de la cama de impresión, porque no detecta fallos en el proceso, porque los atascos son frecuentes,  porque hace mucho ruido, etc...

No obstante, en los últimos años los grandes fabricantes que trataban de colar la impresión 3D basada en máquinas  domésticas como la Revolución Industrial Definitiva, han capitulado ante lo limitado del mercado y hemos pasado de  modelos centrados en el bajo coste y el hazlo tú mismo que seguro que como eres un "maker" (o sea, un hipster con  impresora 3D *) no te importa pagar 1000€ por una máquina lamentable hecha con parches electrónicos y piezas  imprimidas en la impresora vecina, a modelos con diseño robusto y "plug&play", olvidándo, eso si, el concepto de  "reducción de precios".

En realidad, mi opinión es que este cambio de público objetivo no es más que un lavado de cara. 

Ahora las impresoras llevan la etiqueta "para profesionales", pero la tecnología FFF es la de siempre, con las  limitaciones de siempre y con los problemas de siempre. Aunque vistas el mecanismo con un diseño que nos hace pensar  en el aspecto de los dispositivos de la manzanita mordida, para un profesional que ha de considerar la compra de una  máquina de este tipo como una inversión de cara a su negocio o profesión, me resulta complicado aceptar que tras  estos diez años, las prestaciones que pueda obtener hayan mejorado considerablemente.

El proceso de impresión es engorroso, la preparación consume tiempo, la postproducción también, los tiempos de  impresión son largos para resoluciones elevadas y volúmenes grandes, el acabado sigue presentando el habitual rayado  de las capas, los errores y fallos son habituales, interrumpir una impresión supone generalmente perder el tiempo transcurrido y tener que empezar de cero, etc.

En cuando a "facilidad de uso", poco tiene que ver el uso diario de esta tecnología con las impresoras de papel con  las que a menudo se las compara. Mi primera impresora de tinta B/N, allá por el 94, solamente requería darle al  botón de imprimir y esperar unos segundos. No era una fotocopiadora en cuanto a velocidad, pero tampoco requería un  mes para imprimir 200 folios. La tinta se podía secar si no la usabas a menudo, pero eran unos aparatos fabricados  para ser usados sin que el aguerrido comprador tuviera que hacer previamente un curso de electrónica avanzada. 

 ¿Alguien se imagina desmontando su impresora de tinta a los 2 días de comprarla para revisar si las conexiones  estaban en su sitio o algún componente electrónico fallaba, como en mi caso?

 ¿Alguien se imagina tener que calibrar la impresora de tinta cada vez que la enciendes para asegurarte de que no  haya errores?

 ¿Alguien se imagina que la impresora se quede sin tinta en el folio 498 de una tanda de 500 y que tengas que  tirarlos todos a la basura y volver a empezar desde el primero?

 ¿Alguien se imagina que la impresora trae una conexión para el PC pero que no puedes usarla porque es problemática y  tienes que imprimir desde una tarjeta SD? Y todo el día con la tarjetita para arriba y la tarjetita para abajo...

 En fin, una batería de complicaciones que por lo menos a mi, se me antojan alejadas de lo que uno entiende por un  aparato electromecánico de tipo "profesional".

 Ahora bien, si has llegado hasta aquí, habrás comprobado que ante la pregunta ¿por qué comprar una impresora 3D?,  casi todo lo que puedo ofrecer son respuestas negativas. 

 No obstante, y visto que a pesar de todo he decidido a comprarme una, y además por un precio alejado del ámbito de  lo económicamente responsable, quizás te preguntes, ¿por qué te has comprado la impresora entonces si sabías  perfectamente que imprimir con ella es un engorro, que es desesperadamente lenta, que no tiene resolución  suficiente, que el PLA es un material poco amigable, que da muchos quebraderos de cabeza entre fallos de fábrica y  errores en el proceso de impresión y que es una tecnología que no vale lo que cuesta? 

 ¿Por qué te has comprado la maldita impresora 3D y ahora no paras en todo el santo día de despotricar contra ella?

 Pues la respuesta es sencilla. 

 Me he comprado una impresora 3D porque poseo el recurso fundamental para sacarle partido a una impresora 3D y  hacerla funcionar.

 Estos es: los modelos 3D.

 Puede parecer una tontería por lo evidente que resulta el absurdo de comprarte una máquina y no disponer de la  materia que procesa. Algo así como comprarte una churrera y esperar que los churros surgan de ella por generación  espontánea, pero si hay algo que todos los fabricantes y mercenarios de los medios de comunicación han tratado de  obviar siempre y por todos los medios posibles en cualquier artículo, reportaje o mención a la impresión 3D, es ese  hecho tan evidente de que para que la impresora comience a imprimir algo, aparte de la energía eléctrica y el  filamento, es fundamental disponer de ese "algo" que deseamos imprimir.

 Del "para que los niños se impriman sus propios juguetes" al "para que usted mismo pueda imprimir los repuestos de  sus electrodomésticos", pasando por el "imprimase un portaaviones nuclear en el garaje de su casa" o el "los malos  están usando la impresión 3D para fabricarse fusiles de asalto" hay todo un amplio abanico de estupideces  publicitarias que nunca explican al despistado comprador el hecho de que para imprimir un juguete, hace falta un  modelo 3D del juguete, y que para imprimir una parte de un electrodoméstico, hace falta un modelo 3D de esa misma  parte.

Es tan absurdo y tan evidente, que obviamente, la mayor parte de la gente nunca se lo ha planteado.

 Portaaviones nucleares aparte, no voy a entrar en el uso de escáneres para, por ejemplo, "fotocopiar" miniaturas de  wargames y en el trabajo que supone arreglar la malla resultante para obtener un modelo 100% imprimible, porque me  resulta extraño el concepto de comprar una impresora para clonar algo que ya existe en lugar de diseñar mis propios  modelos, pero en el caso de que alguien plantee sus dudas acerca de como obtener modelos imprimibles (de forma  legal), es muy probable que sea dirigido hacia algún repositorio (menuda palabra que siempre me suena a supositorio)  como Thingiverse.

 ¿Y qué se puede encontrar en Thingiverse?

 Morralla. Simplemente morralla.

 Puede que exista algún tesoro escondido, pero la mayor parte de los modelos son morralla. Y el acto de buscar los  modelos es cualquier cosa menos instantáneo. Más cercano a encontrar una aguja en un pajar que al hecho de  seleccionar algo que deseas imprimir. Y cuanto más crece el almacén de morralla más complicado es encontrar lo que  uno desea.

 Porque cuando no se establecen criterios para seleccionar un tipo de recurso a la hora de almacenarlo, es muy  probable que su acumulación tienda hacia la mediocridad. 

 Como le pasa a la música hoy en día, por ejemplo. Palabra de heavy.

 Pero volviendo a la morralla, creo que todos tenemos claro a estas alturas que poca gente va a invertir horas y  horas de su vida en producir modelos 3D gratuitos de buena calidad para que los fabricantes vendan sus máquinas y los jetas de  turno pongan en ebay a la venta las copias imprimidas. Por no hablar de lo sumamente complicado que puede ser  reclamar la propiedad individual sobre un archivo STL.

 Porque los repositorios llevan ahí años y años y aún así es muy difícil encontrar algo que merezca la pena imprimir.  Reconozcámoslo, si vas a comprarte una impresora 3D y a dedicarle tiempo, el resultado de las impresiones debería  ser mucho más estimulante que imprimirte una funda para el móvil o un gancho para colgar los cables del ordenador en  la mesa.

 Si estás construyendo una maqueta ferroviaria de ambiente británico, necesitarás que tus edificios parezcan  británicos, y no alemanes. Si estás trabajando en una mesa para jugar a wargames en la segunda guerra mundial en la  campaña de Rusia o en la de Francia, los edificios del salvaje oeste no te servirán de mucho, y si te quieres  imprimir unas puertas para ambientar tu dungeon crawler favorito, te apetecerá que parezcan puertas de madera  roñosas y no las de un palacio rococó.

 Porque lo que hace que una impresora 3D merezca la pena, independientemente de lo que uno pueda pensar de esta  tecnología en primer término, es la personalización. La calidad, no la cantidad.

 Cuanto estes imprimiendo baldosas para tu mazmorra en Thingiverse, aunque en un principio te emocione el extraer los  primeros frutos de tu máquina, tarde o temprano te apetecerá personalizarlas de una forma o de otra, y la diferencia  fundamental entre una imagen que editas en Photoshop o un vectorial que editas en Illustrator, es que modificar un  archivo STL es relativamente complicado.

 No se puede cortar, pegar, borrar o pintar encima como en una imagen. Si quieres mover los vértices y transformar el  modelo, las herramientas habituales poco pueden automatizar un trabajo fundamentalmente manual. Y si alguien está  pensando en programas avanzados de escultura como ZBrush o Mudbox, que tenga en cuenta que esto que escribo lo hago  pensando en el comprador habitual de dispositivos electrónicos que lo más cerca que ha estado de un software de  diseño 3D es viendo la última película de Pixar.

 Por tanto, si vas a comprar una impresora 3D y quieres saber si te lo recomiendo o no, no te voy a hablar de  resolución, ni de altura de capa, ni de diámetro de la boquilla del extrusor, ni de velocidad de impresión.

 Lo único que te voy a preguntar es lo siguiente:

 - ¿Te ves capaz de diseñar tus propios modelos para imprimir?

 O bien:

 - ¿Estás dispuesto a pagar por modelos de buena calidad (que como todo en esta vida, no te los van a regalar)?

 Si alguna de tus respuestas a estas 2 preguntas es sí, enhorabuena.

 Ahora que ya dispones del material del que están hechos los sueños de la impresión 3D, ya solo te queda decidir qué  impresora te vas a comprar.

 Pero ese no es mi trabajo.

* Entiéndase que la chanza acerca de los "makers" tiene que ver con el hecho de que te gastes 1400€ en una máquina defectuosa y la solución que te da el fabricante sea coger soldador y estaño y ponerte a cambiar componentes, como si el hecho de que te cataloguen como maker les de derecho a los fabricantes a venderte productos sin un mínimo control de calidad para que los arregles tú mismo.

Es como cuando vas al cine a ver una de superhéroes, con el culo pulido de pasarte media vida leyendo cómics, y cuando tras dos horas de espectáculo vomitivo sales de la sala con ganas de hacer un Michel Douglas y liarte a tiros, alguien te dice.

"No, es que esta película no la has entendido porque es para frikis". 

En fin...