El ABC de la impresión 3D: como funcionan los marketplaces de impresión 3D o "the Shape-ways of life".

Supongo que habrá un ingente número de seres humanos que jamás habrán oido hablar de nombres comerciales como Shapeways, i-materalise, Sculpteo, Pinshape, etc., pero todos ellos sirven para denominar sitios online conocidos como "marketplaces de impresión 3D" cuya finalidad es la de ofrecer productos imprimidos en 3D y/o archivos en formato STL para imprimir los modelos en casa.

Obviamente, los modelos 3D (imprimidos o como archivos para descargar) no se regalan y las empresas buscan hacer un negocio (¡igual que los diseñadores 3d!).

Sobre si este tipo de actividad comercial es un negocio real o una de las múltiples burbujas tecnológicas que florecen desde hace 3 décadas como síntoma evidente de agotamiento del modelo productivo capitalista, me voy a reservar buena parte de mi opinión, pues nadie sabe en qué momento la Guardia Civil puede llamar a tu puerta para trasladarte a la Audiencia Nacional.

Habrá quién considere que este tipo de reflexiones son tan exageradas como inapropiadas, pero en un país en el que se considera un acto de justicia condenar a un ciudadano a un año de cárcel por un chiste de 140 caracteres, en el que se hace humor negro sobre un atentado cuyos autores materiales fueron extrañamente amnistiados en su momento ... para alguien como yo se que se dedica a expresar su opinión en público, quién sabe cuál puede ser el coste de unos cuantos miles de palabras subversivas completamente carentes de sentido del humor.

Cuando la justicia se convierte en una lotería que se administra aleatoriamente, en función de criterios personales subjetivos y parciales establecidos en función de la conveniencia ideológica de cada juez y sus amigos en el gobierno, y los chistes en twitter reciben condenas más elevadas que las balas, las bombas y los cientos de miles de millones de euros robados al erario público que han hundido a este país y a sus habitantes en la más absoluta miseria política, ciudadana, moral, cultural y económica, expresar las ideas personales con nombre y apellido pasa de ser un acto cotidiano propio de una democracia, a una especie de subversivo acto de rebeldía más propio de la resistencia francesa que de un bloguero aficionado a los juegos de mesa y las miniaturas.

Pero aunque en esta fallida democracia amordazada no se pueda opinar ni bromeando, confío en poder explicar en qué consiste el modelo de negocio que se esconde detrás de estas empresas sin miedo a que la fiscalía actué de oficio aplicándome la Ley Antiterrorista.

En fin, reflexiones trascendetales aparte, vamos de una vez al grano.

- Imaginemos un diseñador/modelador/escultor 3D o como cada uno prefiera denominarlo. Un personaje amante de los vértices y los triángulos (o por lo menos los de la vieja escuela que nacieron antes del Advenimiento de ZBRush) que concibe, diseña, modela, esculpe, corrige, optimiza y finalmente genera un modelo para imprimir y dar vida a una maravillosa creación tridimensional.

- Pongamos que este modelador hipotético utiliza la impresión 3D para sus propias aficiones y se encuentra trabajando en un modelo 3D sencillo; unas bases texturizadas para decorar las peanas de un puñado de miniaturas de su wargame favorito.

Peanas de 25mm de diámetro para bases de miniaturas

Un proyecto personal rápido pero efectivo, de esos que se hacen en 15 horas y te evitan tener que andar con la masilla y los buriles demostrando que lo tuyo no es lo de las manualidades. Pero que bien pensado, quizás podría interesar a otros aficionados que comparten el mismo hobby de los muñecos en miniatura y los pinceles y que les gusta lo cuquis que quedan las peanas decoradas con este tipo de accesorio. 

- Este modelador se imprime las bases en casa, en su propia impresora y disfruta enormemente con su pequeña obra de arte de la escenografía en miniatura. Como el resultado es un conjunto de peanas bastante resultonas, cobra fuerza la idea tratar de comercializarlas. Aunque prima la satisfacción de compartir el resultado con otros aficionados al hobby y nadie en su sano juicio pretendería hacerse millonario con este tipo de cosas, podría ser una buena opción de obtener unos pequeños ingresos a cambio del trabajo realizado. Ingresos que podría invertir, por ejemplo, en pagar las pruebas de impresión en Shapeways para aquellos modelos, como las piezas de artillería de 28mm, que solamente pueden imprimirse en resina.

Con esta premisa en la cabeza, el protagonista de nuestra historia, imbuído del espíritu emprendedor, comienza a barajar ideas, y teniendo en cuenta como ya hemos comentado que dispone de impresora 3D en su casa, se plantea en primer lugar la opción de imprimir las bases texturizadas "bajo demanda".

El coste en material es irrisorio (unos 2 céntimos), sí. Y eso es una gran ventaja porque maximiza el beneficio por unidad. Pero hay que tener en cuenta que imprimir cada base supone unos 15 minutos de tiempo de máquina. Se ahorra tiempo imprimiendo muchas peanas en una misma tanda, pero el número de peanas fallidas es elevado (más o menos 4 de cada 12 presentan un aspecto que no cumple los requisitos mínimos de calidad), sin contar con los problemas que arruinan una tanda completa (rotura del filamento, atascos, cortes de luz) y sea como fuere, además del tiempo que hay que destinar a preparar cada impresión y al manteniento de la máquina, una vez completado el proceso, hay que revisar las bases, limpiarlas, clasificarlas, empaquetarlas, enviarlas, etc.

De esta forma, el hobby como idea sencilla de negocio se transforma en una actividad comercial a la que hay que dedicar un tiempo considerable. Tiempo del que no dispones cuando pierdes 8 horas a diario con el trabajo inevitable que te da de comer.

Además, utilizar la máquina para imprimir productos dedicados a la venta impediría dedicar ese mismo tiempo a imprimir otros modelos cuyo fin es el de probar y verificar el resultado de los nuevos diseños y ayudar a corregirlos y añadir las mejoras correspondientes realizando sucesivas impresiones. Y no se puede estar al plato y a las tajadas.

Como esta opción no parece demasiado acertada, la alternativa ideal para comercializar el producto directamente sería la de realizar unos moldes a partir de las bases imprimidas y fabricar las piezas en resina o yeso o cualquiera de los métodos tradicionales. Métodos con los que si nunca has trabajado y no tienes experiencia no parecen la idea más apropiada para trabajar de cara al público. Si aquella empresa sevillana que recaudó 700000€ tenía los conocimientos y la experiencia necesaria... y lleva empantanada más de 3 años en esa magna desgracia de obra nostálgica de homenaje al mazmorreo y nombre ahora prohibido que se ha convertido en su propia tumba, no quiero pensar lo que le supondría a un inexperto novato incapaz de manejar adecuadamente algo que no sea un ratón, tratar de moldear sus propias piezas.

Pero más allá de la inexperiencia, que podría suplirse con voluntad, tampoco se puede considerar una opción viable en términos de tiempo. El tiempo libre disponible para nuestro modelador lo invierte casi al 100% en modelar. Y la cuarta dimensión no es barrera suficiente, las otras tres tampoco ofrecen demasiadas oportunidades. No hay espacio en casa y no se dispone de un taller, ni siquiera del cuarto de los ratones, donde llevar a cabo toda esta actividad. Actividad envuelta en siliconas, resinas, catalizadores y desmoldantes, poco apropiada para ejercerla en la mesa del salón.

Así que nuestro aprendiz de emprendedor bucea en google esperando pescar alguna solución a su dilema, cuando descubre la posibilidad de vender sus creaciones a través de un markeplace como Shapeways. Una alternativa muy, muy interesante a simple vista y que soluciona la mayor parte de los inconvenientes. Ni requiere tiempo ni espacio físico ni inversión económica ni infraestructura.

Simplemente ha de subir cada modelo a la plataforma online correspodiente, fijar una comisión personal que se añadirá al coste de impresión y la plataforma, léase Shapeways, se encargará de todo lo demás. De ofrecer una tienda online, de imprimir los productos, de enviarlos, de responsabilizarse antes los clientes y de cobrar el precio correspondiente.

Puesto que nuestro modelador dispone  de una gran biblioteca personal de modelos 3D diseñados a lo largo de los años, no solo puede vender sus bases texturizadas, sino que puede aprovechar la oportunidad para comercializar todas sus creaciones empleando para la impresión tecnologías con unas posibilidades mucho mayores que la impresión doméstica mediante filamento.

Solamente se hace necesario adaptar los modelos que fueron creados para renderizado a los requisitos de la impresión y apretar el botón de "subir".

"Solamente" es, por si no se nota el tono irónico, un adverbio rebosante de sarcasmo. Pero el tema de la "optimización" para imprimir lo dejamos para otro día.

Pongamos que la opción de Shapeways es tan prometedora que el modelador cuelga sus polígonos una temporada y se mete a analista de mercado. Dedica una parte de su tiempo a revisar la oferta de productos similares a sus bases texturizadas en las tiendas online y tras sesudas deliveraciones determina que una peana normal con base texturizada puede venderse de forma adecuada por un PVP de 1€. Como sus bases tienen aproximadamente 1mm de grosor y necesitan peanas adicionales, se podría fijar el precio en 50 céntimos. 

- Una vez tomada la decisión, es hora de preparar el archivo y subirlo a Shapeways para recibir la información correspondiente al coste de impresión.

Resultado del algoritmo misterioso que determina el precio de impresión: 11,99€ (9,91€ + IVA). Es decir, 1€ por peana.

Precio de las peanas para miniaturas en Shapeways

Este precio de 1€ por unidad es para un pack consistente en un conjunto de 12 bases texturizadas diferentes. Cada base individual saldría por 2,4€.

Los caminos del algoritmo del precio de Shapeways son inexcrutables.

- Pero haciéndo cálculos las cuentas no cuadran. Si el precio final del producto para hacerlo atractivo desde el punto de vista del comprador debería rondar 50 céntimos y el coste de impresión neto (sin mi comisión como diseñador) es de 1€... nos encontramos de entrada con el doble de lo esperado.

Y es que este es el mayor problema de la impresión 3D: que el coste de impresión convierte la mayor parte de los modelos con los que un aficionado al modelismo, en cualquiera de sus vertientes, puede trabajar, en un producto demasiado costoso. No solo en comparación estrictamente en términos de PVP con las opciones tradicionales (plástico, resina), sino en el tipo de material del que estamos hablando.

Esos 12€ de coste de impresión son para el material conocido en Shapeways como WSF (white strong & flexible), que se imprime mediante tecnología láser usando nylon pulverizado como material de impresión. Ya he hablado en otras ocasiones de las prestaciones de este material desde el punto de vista del modelista, tanto para trabajarlo como para pintarlo, por lo que no me extenderé más allá de describirlo como "altamente inadecuado".

Si quisiéramos optar por un material más adecuado, como la resina, podríamos elegir entre High Defynition Acrylate por 35€ y/o Frosted material por 41€ como opciones alternativas para el modelo.

¿Quién en su sano juicio pagaría 35€ por 12 peanas?

La respuesta es evidente.

Nadie.

Bueno, nunca digas nadie.

"Estafa" desde el punto de vista moral de e-minis en el black friday"Si hay algún magnánimo benefactor dispuesto a pagar 28€ por una mini, quizás una base texturizada por 3,5€ sea un producto asequible. Por favor, póngase en contacto conmigo inmediatamente."

 - Concluyendo. ¿Qué margen podría aplicar a este conjunto de 12 bases teniendo en cuenta que partimos de 1€ como precio mínimo, si este precio mínimo supera ya el máximo aceptable desde el punto de vista comercial?

Pues otra respuesta evidente:

Ninguno.

- Y así nuestro modelador se da cuenta de que la impresión 3D es muy bonita y muy molona y de que es muy libre de poner una comisión al pack de bases de unos 2€ (no llega a 20 céntimos de beneficio por peana) para ponerlo a la venta en su flamante tienda de Shapeways. No obstante, ha de aceptar desde el primer momento, que en este tipo de productos relacionados con el modelismo no se puede competir ni de lejos con la oferta tradicional (industrial o artesanal) debido a la imposibilidad de ofrecer precios por debajo del inevitable y excesivo coste de impresión . 

Ni siquiera reduciendo la comisión a 0€ y trabajando por amor al arte.

FIN DE LA HISTORIA

Y aquí puedo confirmar que se perfectamente lo que siente nuestro desilusionado protagonista porque hace años que viví la misma situación. No obstante, yo me encuentro ya en la fase de "aceptación" y contemplo toda esta historia con no poco cinismo. Hace tiempo que descarté esta opción de lograr hacer negocio a través de mis tiendas en Shapeways aunque me parecen tremendamente útiles para utilizarlas como escaparate gratuito para mostrar mi trabajo aunque no reporten beneficio alguno.

Sin embargo, y dejando a un lado el punto de vista de los diseñadores que a Shapeways tanto le gusta denominar como "su comunidad", si que me gustaría hacer una última reflexión acerca del tipo de negocio que llevan a cabo los marketplaces, pues el sentimiento entre los diseñadores de la comunidad de Shapeways se asemeja más al de un rebaño de vacas enchufadas a las ordeñadoras automáticas que al de un conjunto de profesionales que puedan disfrutar de algo en común con los marketplaces que se aprovechan de su trabajo sin consideración alguna.

Si no recuerdo mal, yo subí mi primer modelo a Shapeways hace casi 7 años. Shapeways lleva en activo desde 2008 o 2009, sacando tajada del trabajo de miles de diseñadores como yo cuya contraprestación económica es irrisoria en comparación con el precio al que se venden los modelos imprimidos.

Si no hay prácticamente compensación económica a cambio de nuestro trabajo, ¿podemos considerar que la actividad de Shapeways y del resto de marketplaces nos ha beneficiado en algún otro aspecto como aficionados y parte de la comunidad de la impresión 3D?. Es decir, ¿repercuten los ingresos de marketplaces como Shapeways en desarrollar y mejorar las posibilidades del mundo de la impresión tridimensional?.

En mi humilde opinión, la respuesta es un tajante no.

Ni han invertido en mejorar las tecnologías disponibles ni los procesos de impresión ni los materiales ni en desarrollar nuevas alternativas.

Porque en 7 años las tecnologías y los materiales disponibles con todas sus limitaciones y los problemas asociados siguen siendo los mismos. Problemas como la inconsistencia en el proceso, que hace practicamente imposible garantizar que 2 modelos imprimidos en diferentes lotes ofrecerán el mismo resultado. O el exceso de mano de obra requerido para las operaciones de limpieza y manipulación de los modelos imprimidos, que muchas veces es la causa de roturas en los mismos.

Tampoco se han dedicado a modernizar y desarrollar el software que utilizamos para preparar los modelos para imprimir una vez terminados. Software que debería ser capaz a estas alturas de reparar los errores habituales al generar los archivos de impresión de forma sencilla. Software que en buena medida es inexistente.

De hecho, si no fuera por herramientas gratuitas como Netfabb, este proceso sería sumamente complicado. Pero ni siquiera Netfabb es capaz de solucionar los errores en los modelos más complejos.

Pero no todo es inversión en I+D+I. Como marketplace, Shapeways ni siquiera ofrece herramientas para llevar a cabo una mínima optimización en buscadores para promocionar los modelos y el contenido de las tiendas. El "SEO "lo tenemos que hacer los diseñadores sin ningún tipo de ayuda. Todo lo contrario. Cuanto tienes todos tus productos correctamente etiquetados y con bonitas descripciones, deciden cambiar el interfaz de las tiendas y te obligan de nuevo a revisar cada producto para añadir de nuevo la información eliminada.

Trabajo digno de Sísifo cuyo único beneficiario es el propio marketplace. Recibe toneladas de tráfico de forma gratuita mientras que la repercusión en las ventas suele ser mínima debido a la ingente cantidad de modelos que convierten la búsqueda de algo en concreto en una tarea digna de la Compañía del Anilllo.

Pero si hay un compromiso fundamental en el mundo de la impresión 3D que no ha recibido ningún interés en todos estos años es el coste de la impresión. Algo que se da por hecho y que a nadie le parece demasiado relevante. Algo que se soluciona con medidas tan inteligentes como "hagan más pequeños los modelos" o "reduzcan la cantidad de material utilizado".

¡Genial!

Pero la realidad cotidiana es que nadie va a pagar los estratosféricos precios consecuencia del coste de impresión tan elevado. 

Y a pesar del mantra habitual de que "cuando la tecnología se generalice descenderán los costes", el precio no solo no ha descendido, sino que en maniobras absurdas como la de Shapeways en octubre de 2014 (esa fecha conmemora el Waterloo de los diseñadores aficionados al modelismo frente Shapeways) los precios del material WSF se incrementaron de forma absurda, hasta el punto de eliminar la posibilidad de usar aquel material como opción económica para testear los modelos para garantizar un correcto resultado en la impresión.

Por otra parte, cuando los precios no se pueden subir porque ya son excesivos, se puede emplear una táctica menos irreverente, como la decisión de Shapeways de eliminar la versión más barata del Frosted material (resina imprimida mediante SLA; resolución media), manteniendo la opción más cara (Ultra frosted, resolución alta) y añadiendo una nueva opción cuyo coste es el prácticamente el doble de la Ultra (Extreme frosted, resolución muy alta).

Resultado de ambas maniobras: aumentar el precio y reducir todavía más las posibilidades de vender los productos.

¿Y qué sentido tiene que un marketplace haga todo lo posible por incrementar precios ergo vender cada vez menos?

Quizás el reconocimiento de que este conjunto de tecnologías viejunas conocido como impresión 3D no es más que un bluff tecnológico. Ni es la Revolución Industrial Definitiva ni va a cambiar la faz del mundo ni va a condenar al cierre a las industrias tradicionales.

Será una tecnología adecuada en trabajos con un enorme valor añadido que pueda compensar el coste de impresión, pero tal y como está planteado, "venta masiva de productos de consumo bajo demanda individualizada ", no es eficiente ni siquiera para dar beneficios a una gran empresa como Shapeways cuya actividad principal no se sabe bien si corresponde a la impresión 3D o a la contínua ronda de financiaciones para ampliar capital. 

Ironías aparte, nadie debería descartar la posibilidad más que factible de que el verdadero negocio de Shapeways, tras varios años operando sin cubrir costes (dumping style) no sea tanto imprimir y vender  como utilizar a los diseñadores cobayas que testean los productos costeando la impresión con sus propios bolsillos para recopilar todo tipo de información acerca de los procesos de impresión y vender la información resultante a los fabricantes interesados.

Y sin mucho más que decir, que ya he dicho bastante, de esta forma desvelamos el truco de los marketplaces de impresión 3D. 

P.D.: lo tengo que decir aunque al mirar por la ventana descubra aparcado en la acera un misterioso Ford Falcon negro.

La impresión 3D desde el punto de vista comercial no es más que otra de esas burbujas tecnológicas de la Era del Estancamiento de la Humanidad, que no solo no aportan nada a nuestro progreso real, sino que transforman una tecnología obsoleta con más 30 años de antigüedad en un engañabobos vestido de "revolución definitiva" para inversores bien informados con experiencia en coleccionar sellos a granel, apadrinar plantaciones de árboles o apostar por conglomerados industriales de corchopán respaldados por botellas de brandy. Inversión cuyo prestigio se ve respaldado por la maravillosa publicidad que realiza el telediario de Matías Prats, rellenando con alguna noticia sobre impresión 3D de gominolas, ¡impresionante avance para la Humanidad!, el espacio libre entre algún caso de asesinato con desmembramiento y un encantador vídeo de osos panda retozando.

La impresión 3D de figuras de chocolate o de pasta con forma de Pokemon, ha conseguido poner de relieve el verdadero significado de la impresión 3D, elevando sus implicaciones hasta alcanzar las más elevadas cimas de la capacidad intelectual humana. Alturas reservadas únicamente a otros grandes cambios de paradigma tecnológico como el del Láser Disc o Second Life.