El ABC de la impresión 3D: "busque, compare y si encuentra algo mejor, o no, da igual, cómprelo en Amazon" o "como hacer una reseña encubierta de mi Wanhao 5S Mini".

Érase un vez, en un bonito mes de mayo por el que suele circular mi cumpleaños despistado, cuando mi capacidad de decisión decidió salir a la luz tras años y años de letargo, valga la redundancia, y convencerme de dar el extremadamente arriesgado paso de adquirir una impresora 3D.

No, no voy a relatar lo duro que es tomar una decisión así para alguien demasiado informado, extremadamente informado, plusultrainformado, con toneladas de modelos, variantes, versiones y tablas de características apiñadas durante varios años en incontables estratos sobre mis pobres neuronas fosilizadas, porque sería insanamente largo y es muy probable que no le interesara a nadie. Ni siquiera a mi.

Pero lo que sí puedo relatar es el calvario que supone en determinadas ocasiones tratar de hacer las cosas bien a la hora de tomar una decisión de compra en estos confusos tiempos de consumo desaforado sin criterio ni alternativa real.

Dejando la compulsión en el banquillo, y podiendo en el equipo titular a la ética, la moral, la conciencia social, y todos esos valores demodé sobre los que un hombre decente fundamenta sus elecciones ante los desafíos de la vida.

Vale que a lo mejor me estoy poniendo demasiado trascendente cuando de lo que se trata todo esto es de adquirir un electrodoméstico, porque eso es lo que es básicamente una impresora 3D, un electrodoméstico, y ni siquiera de los más útiles. Quizás rozando la altura de la Rumba y por encima de la Termomix, en la lista de electrodomésticos absurdos e ineficientes. Pero en mi caso es un electrodoméstico sobre el que reposan, o mejor dicho, reposaban, o incluso reposaron, las esperanzas de poder ganarme la vida de alguna forma con mis poco rentables habilidades para desenvolverme entre vértices, aristas y caras de mis modelos tridimensionales y dejar atrás esta vida gris y fría de oficina sin calefacción ni cesta de navidad.

La cuestión, por tanto, que atañe a estas palabras que estoy redactando, no es qué comprar, sino dónde comprar.

Porque a la hora de la verdad, en este pais donde reina el low-cost y el fondo de catálogo, el dónde comprar influye considerablemente en el qué comprar.

Quiero decir, que una vez terminado el largo y arduo proceso de decisión y seleccionado por fin un modelo de impresora que cumpla más o menos todos los requisitos deseados y se ajuste al presupuesto, bien valorado en sitios de referencia como 3dhubs.com, donde las críticas las hacen los propios usuarios de las máquinas que trabajan habitualmente con ellas, resulta que el afortunado modelo ganador no es un modelo comercializado en España.

Y si el modelo no se comercializa en España hay que plantearse seriamente las desventajas que conlleva adquirir un electrodoméstico con cierta propensión a los fallos, debido tanto al uso intensivo que se le va a dar como a las carencias de la propia tecnología sobre la que se desarrolla, allende los mares en tierras desconocidas sin más garantías para el incauto que la de ahorrar unos preciosos y depreciados euros.

Puesto que el riesgo de desamparo es considerable, hay que desechar esta opción y todo el trabajo de investigación que ha provocado un holocausto general de buena parte de mi población neuronal se vuelve papel mojado. La decisión entonces ve modificados completamente sus criterios de elección, y se centra en buscar un comercio en España en cuya oferta exista alguna máquina que se ajuste más o menos a las características del modelo y que además ofrezca una buena atención al cliente.

Aquí la criba fue sencilla puesto que tres de las cuatro tiendas consultadas, medio año después, todavía no me han ofrecido una respuesta. La cuarta, la única en contestar, resultó la ganadora, después de repetir la consulta, eso sí, pues en la primera ocasión ni siquiera de aquella obtuve contestación.

Quizás sea mi mala suerte o una conjunción de fatalidades, pero me resulta extraña esa sensación no poco frecuente de tener que "obligar" a los comercios a que te vendan las cosas,  cuando mi intuición me dice que debería ser al revés. Más todavía en un momento de crisis tan acusado en el que las tiendas deberían estar dándolo todo para hacer una venta, atender al cliente con la consideración esperada, ni más ni menos (respondiendo a los emails, por ejemplo) y tratar de colocar su producto en ese escaparate global que les ofrece internet y que les ofrece todo un mundo de posibilidades que hace 20 años ni siquiera podían soñar.

Aunque quizás todo se debe a que mi redacción no es lo suficientemente clara como para merecer una respuesta y los destinatarios de mis consultas, o no son capaces de comprender mis jeroglíficos o me consideran un robot spameador, debido quizás al excesivo uso de oraciones subordinadas dentro de oraciones subordinadas en un bucle prácticamente infinito y al abuso de los adverbios acabados en "mente" y las consiguientes palabras sobreesdrújulas, que terminan transformando un artículo con poco contenido como este en un ensayo con una extensión de 4788 palabras.

Lógicamente, el acudir a estas tiendas en concreto no es fruto de la casualidad, sino que es el resultado de varias recomendaciones personales recolectadas de foros dedicados a la impresión 3D, por lo que uno establece una especie de relación de confianza antes incluso de realizar la compra. Así que, una vez obtenida la respuesta por parte de la tienda, llega el momento de elegir uno de los modelos disponibles en su catálogo. Bastante limitado, por cierto.

Y aquí llega el primer escenario desconcertante durante el proceso de selección.

Tras realizar una detallada propuesta de mis necesidades como diseñador 3d, relatando el objeto de mi trabajo, mi experiencia a lo largo de varios años con Shapeways y demás plataformas online y el trabajo correspondiente con tecnologías industriales como SLA o SLS, con todo tipo de detalles sobre los modelos que realizo y sus características, compromisos o requisitos técnicos, así como mis expectativas respecto a la tecnología de deposición de filamento, que es en lo que estoy interesado única y exclusivamente, la respuesta que recibo es de esas que te dejan más frío que sentarme en mi silla de trabajo un lunes de diciembre a las 9 de la mañana.

"La resina puede ser más adecuada para estos casos".

Supongo que el caso al que se refieren es al de la cuenta de resultados de su empresa, porque la máquina que comercializan en su establecimiento, la Form2 de Formlabs, cuesta 4000€.

Pero teniendo en cuenta que el destino principal de la impresora es trabajar con escenografía en 28mm de gran tamaño y que el tamaño de impresión que ofrece la Form en cualquiera de sus modelos es demasiado reducido incluso para sacar adelante vehículos en 1/48 de tamaño normal, ya les he dejado bien claro que la resina no es factible. No ya por el engorro que supone el proceso de curado de la resina y la falta de espacio, sino porque para trabajar en resina es mucho más eficiente y sencillo utilizar servicios online como Shapeways o incluso los que abundan cada vez más en 3dHubs.com a precios mucho más interesantes. 

A partir de aquí sucede lo que yo llamo una autoventa, pues yo mismo me convenzo a mi mismo del modelo que yo mismo necesito sin que reciba aporte alguno de información que yo mismo no conozca. Y cuando digo que no conozca, quiero decir que mis conocimientos acerca de las impresoras 3d domésticas eran exclusivamente teóricos y que lo que buscaba en una tienda dedicada en exclusiva a este tipo de aparatos era la opinión de un experto acerca de la experiencia que te ofrece trabajar con un producto que comercializas y que deberías conocer y tratar de vender a tus clientes interesados. Porque para leer la ficha de características, se puede hacer exactamente igual en la web del fabricante.

Pero como no hay más retroalimentación que la de "esperamos tu decisión", y ya no me puedo hacer más viejo dándole vueltas a esto, al final confío en mi difuso criterio y me decido por un modelo en concreto basándome en uno de mis requisitos más importantes, el volumen de impresión, y aceptando que el resto de características son más o menos similares en esta especie de ruleta rusa.

Es decir, que la compra yo me la guiso y yo me la como como Juan Palomo. Y sin recibir comisión.

De este modo acepto pagar un precio de 1400€ (IVA incluido y no desgrabable, que yo no soy profesional) por una impresora Wanhao 5S Mini en una tienda española, para generar empleo, mantener el tejido empresarial, reactivar la mórbida economía, tener alguien que pague las luces de Navidad, etc.

Precio final que conlleva un sobrecoste de 500€ sobre su precio en comercios online. Comercios online como ese gran almacén de libros venido a más que ahora instala supermercados sin personal de caja y que no parece entender que sin trabajadores no hay compradores, que no tiene alma ni piedad, pero que te ayuda a ahorrarte 500 pavos. Ahorro que no es equiparable a la utópica idea de recibir a cambio de ese precio un merecido servicio, una atención más cercana y de mejor calidad y una garantía más efectiva que la que me pueda ofrecer un gran almacén multinacional maléfico o quizás un bazar ubicado en el lejano oriente donde te venden exactamente lo mismo pero 10 veces más barato.

Así que, con mi integridad moral a salvo y mi coherencia intacta, el día 3 de junio recibo con inconmesurable emoción en mi casa un paquetito en el que se incluye mi nuevo juguete.

Mis dos aficiones favoritas: durum e impresión 3D"Aquella noche tuve que elegir entre mis 2 aficiones favoritas: desembalar durums o desembalar impresoras 3D. Me decanté por el durum, a pesar de que lo de la impresora ha sido mi primera y última vez. Y es evidente que acerté".

Y nada más comenzar con el desembalaje, tras asistir asombrado a la órbita elíptica que describió la caja desde el pasillo del ascensor hasta el hall de mi casa tras ser entregado con todo ese ánimo y energía por el repartidor harrijasotzaile de turno, me llevo la primera sorpresa:

El paquete viene directo del distribuidor europeo. Lo que quiere decir, querido Watson, que en la tienda no han probado la máquina y que me puedo encontrar cualquier cosa en el interior del embalaje.

Con el miedo en el cuerpo, extraigo el armatoste no sin ciertos problemas debido al peso de la estructura de acero, leo las instrucciones cuidadosamente y enciendo el aparato con la idea de proceder a la primera prueba de impresión. Selecciono la opción de "nivelar la cama de impresión" y de pronto se desata el horror ante mis ojos. La bandeja sube demasiado hasta hacer tope con la boquilla del extrusor y ésta se arrastra por la superficie arañando el lexan hasta alcanzar su punto de origen y detenerse dejando un bonito surco ante mis ojos congelados por la impresión incapazes de parpadear.

Tras una breve investigación, descubro que una pequeña pestaña de metal que se encarga de establecer el fin de carrera en el eje Z está doblada y que por eso la bandeja ha subido más de lo normal.

Primer fallo que deberían haber encontrado en la tienda si hubieran probado la máquina. De esta forma, el error me lo pueden achar al mal uso. No obstante, no parece tener demasiada importancia. Coloco la pestaña en su sitio y en la segunda prueba todo parece funcionar. El rayón no es bonito pero es sirve como presagio del futuro que me espera.

A partir de ahí, y con los ánimos más calmados, comienzo a cargar el filamento para la primera prueba cuando de pronto el sensor de temperatura pasa de 100ºC a 380ºC sin solución de continuidad. Ahora 120ºC. Ahora 280ºC. ¿Es esto normal?. Sigue el baile de temperaturas. Se me desata el corazón. Veo el edificio en llamas, los vecinos en la calle en calzoncillos, coches explosionando sin motivo alguno, como en las pelis, las estanterías repletas de playmobil de mi novia pasto del fuego, la bronca que me llevaría... así que decido reaccionar y desconectar la impresora.

Nadie podría imaginar un comienzo más desalentador.

No obstante, amanece un nuevo día soleado y caluroso de junio y el problema de la temperatura desaparece durante las 2 o 3 primeras pruebas hasta que de pronto vuelve a comenzar sin motivo aparente. De repente marca 100ºC, de repente marca 300ºC, de pronto vuelve a su lectura normal, pero las piezas presentan evidentes fallos. La lectura de la temperatura definitivamente no es fiable y está claro que algo no funciona. Así que el 9 de junio me pongo en contacto con la tienda para resolver el problema ya que es imposible obtener una sola pieza bien imprimida.

Como la espera fue larga y aparecieron nuevos problemas, para abreviar digamos que el 27 de julio me avisan de la tienda que ya disponen de los repuestos tanto para el cable del termistor, como para la plaquita que lo conecta a la placa madre, como para el ventilador quemado.

Además, estoy convencido de que cuando el plástico es extruido y en lugar de caer recto y depositarse en su lugar lo hace en ángulo y pegándose a la boquilla, puede que exista un problema con el orificio de salida de la misma que sea el causante de numerosas impresiones fallidas y la aparición de "pegotes" en las piezas.

Sin embargo, este hecho parece no despertar ningún tipo de curiosidad en los "expertos" que me han vendido la máquina, por lo que solicito una boquilla nueva que pago de mi bolsillo. 12€ la broma.

Cuando uno piensa en conceptos como soporte técnico y atención al cliente, o derechos del consumidor, a uno se le llena la cabeza con conceptos como reparación gratuita por piezas defectuosas de fábrica incluyendo transporte y mano de obra. Pero con lo que se encuentra uno en el mundo real es con un repartidor que te trae a casa un sobre con los repuestos después de dos meses dándole vueltas a problemas cuyo origen está en los numerosos defectos del aparato, y un bonito foro en internet en el que pedir ayuda a perfectos desconocidos que no hablan castellano, y a veces ni siquiera inglés, para instalar correctamente las piezas, teniendo que abrir las tripas de la impresora y desmontar diversas partes con el riesgo de no saber lo que se está haciendo y terminar por romperlo todo.

Menos mal que años y años de descuartizar todos los aparatos electrónicos de casa de mis padres y de salvarme incluso por los pelos de un arco voltáico inesperado en un viejo televisor de lámparas, me han dotado de una habilidad equiparable a la de McGyver, y pude realizar la reparación yo solito y sin que nadie tuviera que molestarse en ofrecerme todos esos incómodos e inútiles servicios gratuitos que cubre la garantía.

A partir de aquí y con las piezas defectuosas sustituidas, da comienzo una sucesión considerable de problemas y fallos de impresión que con todo lujo de detalle he ido recopilando día a día a base de tweets y espumarajos en la boca, entre los que destacan los numerosos atascos sin sentido que día sí y día no, sin motivo aparente alguno, me han obligado a pasarme buena parte de mi escaso tiempo libre llave inglesa en mano desmontando, limpiando y volviendo a montar las partes que componen el extrusor.

Pero los atascos no conllevan únicamente la pérdida de tiempo que supone transformarme en mecánico de impresoras 3d a tiempo parcial, sino que van a acompañados de un sobreesfuerzo en la impresora, porque cuando se obtura y no hay nadie cerca para apagar la máquina (algo complicado en un proceso que dura más horas de las que puedo pasarme sentado en una silla mirando fijamente a la impresora para convencerla de que no falle) el mecanismo sigue empujando el filamento hacia el extrusor, forzando el motor y todos los componentes que participan en el proceso hasta que finaliza el proceso.

Y debido a este tipo de incidencia más que habitual (es una simple deducción basada en la observación pero imposible de demostrar), tanto el tubo que conduce el filamento hasta la boquilla como los racores que sujetan este tubo en su sitio, se pasan horas y horas soportando una presión superior a la normal y más alta que aquella para la que fueron diseñados, hasta que un buen día 23 de diciembre, tras varias semanas de impresiones fallidas por los atascos inexplicables aderezadas por aquellas en las que el tubo se suelta del racor o lo que es peor, se parte, uno de los racores termina por romperse completamente y la impresora adquiere el estado de baja permanente.

Y es en ese momento cuando reclamas la atención de la tienda para solicitar los repuestos correspondientes (el tubo y el racor) y cuatro días después, a la sazón 27 de diciembre, te indican que el tubo no está en stock, como era de esperar, y por si fuera floja la noticia, que el racor no existe como repuesto.

Muy bien.

Espera.

¿Que no existe como repuesto?

¿Me he gastado 1400€ en una impresora y con 6 meses de uso me dicen que no hay repuestos?

No pasa nada. No hay problema. Ante todo mucha calma.

Me ofrecen una solución alternativa: "Probar con presillas tipo brida".

No se que es una presilla tipo brida ni me importa porque lo que yo necesito es un racor de 6mm y rosca 1/8" al que se le haya perforado el tope inferior para que pueda atravesarlo el tubo. Racores que si no fuera por esa "perforación" podría adquirir en una ferretería de barrio a 1,5€ la unidad, pero que con esa modificación no existen de forma comercial.

Y es que sin racor no hay máquina. Máquina que está en garantía y que por lo visto, para estos señores que tienen a bien lavarse las manos, no existe más solución que la del "háztelo tu mismo".

Puede que mi padre lograra traernos a casa sanos y salvos en pleno agosto desde Málaga hasta Pucela sustituyendo la correa de distribución del 127 por una media de mi madre, pero en 2017, el mero hecho de que alguien me proponga arreglar un aparato de 1400€ en plena garantía haciendo ñapas caseras me resulta más insultante que el lamentable hecho de tener que estar en diciembre trabajando en la oficina sin calefacción, llegar a casa con las manos entumecidas y tener que ponerme a escribir este rollo para hacerlas entrar en calor.

En fin, que estamos a 28 de diciembre de 2016, día de los Inocentes, y a mi la inocentada me la gastaron el día que alguien me convenció de que a la hora de comprar algo hay que añadir a la lista de consideraciones los valores que aporta a nuestra sociedad el comercio de proximidad.

Habrá quien piense que no hay mala fe por parte del vendedor y que la culpa es del fabricante por comercializar productos de tan baja calidad bajo el slogan "rozando lo industrial a precio de escritorio", pero lo que tengo muy claro a día de hoy, tras 6 meses de pruebas y dolores de cabeza, es que aquellos 500€ que pagué a mayores por eso de la "atención personalizada", deberían haber servido para que en su debido momento, me hubieran proporcionado algún tipo de información acerca de la máquina que iba a adquirir, y que cubriera, como poco, los siguientes aspectos de la misma que pueden resultar en cierta medida conflictivos, por no decir lamentables: 

  • El uso de filamento de 3mm: la dificultad para encontrar filamento de 3mm y las ventajas del de 1,75mm, como permitir el uso de boquillas más finas para el tipo de piezas pequeñas y detalladas para modelismo que comenté en su momento iban a ser mi trabajo habitual. Además, hay impresoras que permiten usar boquillas de distintos tamaños en función de la pieza. La Wanhao 5S no.
  • El extrusor tipo Bowden: los problemas asociados a este tipo de extrusor en el que los engranajes y el motor que empujan el filamento se ubican en la estructura de soporte de la impresora y en el cabezal solo se monta la boquilla, como la dificultad para retraer el filamento, la elevada presión que sufren tanto el tubo que conduce el filamento como los racores, así como lo limitado de las supuestas ventajas, como la elevada velocidad de impresión, que está limitada por el propio filamento y nunca es factible más allá de lo ofrecido por cualquier otra impresora por muy bonito que sea en teoría.
  • El firmware propietario y sin actualización alguna. Este aspecto de la Wanhao es maravilloso, pues no permite cuestiones tan sencillas como:
    • determinar una temperatura por defecto de impresión diferente a la de fábrica, 
    • pausar una impresión (pausarla sin cargarte la pieza con un chorretón de plástico debido a los problemas con la retracción, quiero decir)
    • variar la velocidad del ventilador
    • retomar una impresión fallida a una altura determinada  (por corte de luz, atasco o rotura de filamento) 
    • que la máquina se apague al terminar la impresión (o por lo menos que se "suspenda")
    • y lo más importante, poder usar un slicer medianamente funcional que permite algo tan necesario como establecer el material de soporte de forma personalizada, o simplemente olvidar el slicer tan malo que incluye la máquina, que no permite ni conocer los parámetros de los perfiles por defecto que trae la máquina para clonarlos y trabajar a partir de ellos. Porque cuando uno lee en las características "Wanhao duplicador 5S utiliza su propio software dedicado WanhaoMaker", en ningún sitio se indica que ese software dedicado (y bastante pobre) sea el único que se puede usar.
  • La cama de impresión: la Wanaho dispone de una cama de impresión soportada por unos muelles de juguete que necesitan de 2 o 3 calibraciones antes de cada impresión para conseguir una mínima nivelación, en una máquina que se vende con "nivelación automática" pero que de automática tiene bien poco.
  • La "cama caliente": es prácticamente imposible encontrar una "cama caliente" para la impresora que me permita probar con ABS o que me permita al menos tratar de subsanar con ella los problemas asociados al invierno y a la baja temperatura en casa, con un warping extremo en el PLA que en verano prácticamente no se notaba
  • Los componentes "propietarios": aparte de la mala calidad de numerosas piezas, la Wanhao obliga a disponer de repuestos exclusivos como la boquilla (cuyo precio de repuesto no es barato precisamente), o los malditos racores, que además de no poder ser sustituidos cuando se rompen, tienden a "comerse" el tubo de 6mm que conduce el filamento causando frecuentes roturas.
  • La falta de elementos activos de control: como la Wanhao 5S no dispone de mecanismo activo alguno de control que detecte errores durante la impresión, como el filamento que se parte o los frecuentes atascos, la máquina puede pasar horas imprimiendo en vacío con toda la problemática asociada que da origen a este mismo artículo.
  • El horrible concepto de diseño que esconde la Wanhao 5S mini: esta máquina no es más que una chapucera adaptación de la 5S original a un tamaño más pequeño, con anécdotas tan graciosas como la de no poder imprimir a través del cable usb desde el ordenador y tener que usar siempre la tarjeta SD, ya que con el cable la máquina se "confunde" y fallan el 99% de las impresiones, o ese ventilador enchufado en un voltaje mayor que el óptimo que hace que se queme con frecuencia, porque si, o ese rollo de filamento colocado en un lugar muy poco adecuado que fuerza el filamento de forma contínua, haciendo que se parta debido a la tensión, obligando a trabajar al motor más de lo normal, y obligándome a mi a extraer el filamento cada vez que termino una impresión y a volver a cargarlo cada vez que empiezo otra, porque si lo dejas toda la noche insertado en el extrusor, al día siguiente te lo encuentras partido.
  • Y por si fuera poco, cuando uno vende una marca y se nombra a sí mismo como experto en dicha marca, no estaría de más avisar que eso no implica disponer de recambios en stock y que el plazo de espera para recibir dichos recambios (cuando los hay) en caso de problemas, es absolutamente indeterminado.

Después de haber pagado esos 500€ a mayores con la esperanza de haber recibido este tipo de información, y de haber tenido que descubrirla sin embargo, a través de mi no escasamente desagradable experiencia de prueba y error, y error, y error... me han dejado bien claro que en un mundo en el que la obsolescencia programada ha sido sustituida por la obsolescencia instantánea, nadie va a entregar una información tan calamitosa que haría salir corriendo a cualquier incauto ante la simple concepción de un aparato tan mal diseñado como producido.

Antes hubiera pensado que los vendedores se hacen los tontos y obvian los problemas de un artículo con tal de formalizar su venta. Pero ahora tengo la impresión de que para el trabajo de vendedor es necesario disponer de la ignorancia más absoluta para poder soportar el hecho de tener que vender en la mayoría de los casos basura tecnológica con una fecha de caducidad demasiado corta. 

Solo así se entiende que alguien que afirme amar la impresión 3D sea capaz de vender en su negocio semejante pedazo de mierda que no deberías intentar tocar ni con el mástil del banderón ese que hay en la plaza Colón de Madrid.

Léase "pedazo de mierda" como una crítica plenamente objetiva e imparcial, a pesar de la falta de costumbre, con todos los respetos para los mercenarios reseñadores y "abridores de cajas" profesionales que solo ven unicornios y algodones de colores en todos los productos que les mandan sus patrocinadores encubiertos.

Total, que la ignorancia lava la conciencia, la factura está cobrada y el marrón se lo come el cliente.

¿Pero quién valora a sus clientes si todos, sucios traidores, les han abandonado para comprar de forma compulsiva en el maldito almacén online que les está arruinando el negocio?

 ¿O son las pequeñas tiendas las que se están arruinándose a sí mismas riéndose y despreciando así a los pocos clientes que aún confían en ellas?

Por más que me pese, ante semejante disyuntiva, he de reconocer que a la fuerza ahorcan y que finalmente me han hecho cambiar de opinión.

Así que prefiero comprar a una multinacional inhumana y aceptar el trato desconsiderado e impersonal, que ejercer la opción de la confianza y que me decepcionen de esta manera.

Ya que es 28 de diciembre, las inocentadas con algo de gracia, por favor.

P.D.: dedicado especialmente a todos aquellos establecimientos comerciales que han llevado el concepto de "simple intermediario" un paso más allá y han hecho del drop-shipping su medio de vida.