Comentario de texto: "El artículo periodístico más absurdo de 2016 sobre impresión 3D" (hasta la fecha)

Una de las muchas experiencias absurdas que pude disfrutar en mi viacrucis formativo durante los años de instituto en cierta institución concertada pseudo-académica de la capital vallisoletana, de cuyo nombre no quiero acordarme, es el curioso hecho de que en la asignatura de Lengua de COU, nos pasamos todo el curso haciendo análisis sintácticos de frases hasta la extenuación (mientras la profesora se entretenía en contar sobres repletos de dinero que ríete tú de Bárcenas), y no hicimos ni un solo comentario de texto.Comentarios de texto que eran una de las pruebas habituales de Selectividad en dicha asignatura.

Como no hice Selectividad porque me declaré insumiso ante semejante despropósito de prueba eliminatoria/aleatoria, aquel estúpido curso repleto de sujetos, predicados y oraciones subordinadas y coordinadas no ha influido demasiado a posteriori en mi vida estudiantil, pero tengo esa espina clavada en el fondo de mi neocórtex.

 

Aquí comenzó todo: no aprobé ni una sola lámina de dibujo técnico.

 

Y me obliga, por lo visto, a comentar y analizar sin control cualquier artículo que pasa ante mis ojos. Hoy, para dar rienda suelta a mi verborrea analítica, vamos a trabajar sobre una especie de broma periodística que se ha sacado de la manga la "experta digital" del 20 minutos, bajo el título "Cómo bajarse un bolso de BitTorrent", y que obviamente, trata de esa maravillosa revolución, "no solo industrial, sino también social", conocida vulgarmente como #impresion3d. El que quiera leer el original, puede hacerlo aquí:

http://www.20minutos.es/opiniones/rosalia-lloret-como-bajarse-un-bolso-d...

Bien, nuestra querida "analista" comienza su artículo con un símil. Señal de que el tono del artículo es paternalista y condescendiente con el lector, puesto que el uso de una figura retórica de tan poco calado, pone de manifiesto un cierto tono de superioridad desde el "experto" hacia el conjunto de ignorantes que componen la masa que se informa a diario con su panfleto gratuito.

El símil consiste en equiparar el archivo digital de un "bolso" con el archivo digital de una canción o película, y hacer creer al lector que gracias a la #impresión3d, piratear el contenido de su guardarropa será tan sencillo como piratear la peli del viernes por la tarde. De esta forma, el nivel de piratería de los objetos físicos podrá equipararse en un futuro a la de la industria audiovisual cuando la tecnología consiga convertir cualquier objeto del mundo real en un archivo digitalizado.

Explicaciones sutiles

 

 

No voy a entrar en el curioso tema de la piratería y las supuestas pérdidas que provoca a los fabricantes, como si todas las mujeres que compran bolsos "de marca blanca" en el mercadillo fuera a ir corriendo a la tienda "oficial" a adquirirlos en caso de no disponer de la versión barata que cuesta 10 veces menos, porque es tan absurdo que a pesar de que lleven años y años dando la brasa con el tema del canon para justificar subvenciones a una industria milmillonaria como compensación de un hecho solo existe en el discurso mercenario de los medios de comunicación, pero no quería dejar pasar la oportunidad de hacer mención al tema ya que es aparentemente el punto de partida del artículo que me ha incitado a ponerme a escribir.

Volviendo al símil, equiparar el archivo digital de una canción con el archivo digita de un bolso, es como comparar el plano de una casa con la casa. Y todo el que haya comprado sobre plano, sabe de lo que hablo.

Una canción en formato mp3 es un fin en si mismo. Lo abres en tu reproductor y lo escuchas, o simplemente lo almacenas con otros 10 millones de canciones en tu disco duro para no escucharlas jamás, pero el archivo es la propia canción.

Un bolso, en cambio, es un objeto físico realizado con numerosos materiales con diferentes propiedades físicas que le confieren al objeto realizado con ellos, en su forma, tamaño, colores, superficies, texturas y acabados, la propiedad en el mundo real de ser un bolso. Y no una pera o un portaaviones. Un archivo digitalizado de un bolso mediante un escáner 3d no es más que un pequeño esbozo digital a base de puntos tridimensionales que unidos mediante líneas rectas, sirven para hacerse una idea aproximada de la forma del objeto que representa.

Aquí la idea de la caverna de Platón sí es un símil válido. Porque esas sombras permiten adivinar cómo es el bolso, pero no dicen nada hacerca del material con el que está hecho, ni de sus propiedades físicas. Porque no queremos una imagen de un bolso. Lo que queremos es un bolso que sea un bolso, parezca un bolso, luzca como un bolso y funcione como un bolso. Aunque nuestra experta obvie mencionarlo, supongo que porque ella misma sabe perfectamente cómo funciona un escaner 3d y no se ve en la necesidad de explicarlo, ya que como es experta, debemos tomar su opinión como un juicio categórico y absoluto, un escáner 3d no es un aparato de rayos X mágico que transforma un bolso en una "fiel reproducción digial de un bolso".

Un escáner 3d es un sensor que mide la distancia a la superficie exterior del objeto y toma una serie de medidas sobre unos cuantos puntos en esa superficie. A partir de ahí, hay que convertir los puntos en una "malla". Es decir, una superficie. Que tal y como "sale" del escaner, es una malla maciza. Es decir, que lo que nos da el escáner es la representación del contorno del bolso, como si fuera macizo. Pero la malla hay que trabajarla para que el objeto sea imprimible, y lo que es más complicado, generar las superficies interiores que el escaner no ve. Imaginemos un bolso sencillo compuesto de una zona de piel exterior, una zona de forro interior, un bolsillo con cremallera, la zona superior con adorno metálico y las asas de cuero, además de los logos cromados en los laterales. Son seis materiales diferentes. Seis. Y cada material debe ser imprimido por separado, puesto que hay que establecer límites entre ellos.

Nuestro querido escáner nos ha dado la forma exterior de la capa de piel, pero ahora tenemos que darle grosor y generar la capa interna de forro. Una tontería sin importancia. Por supuesto. Como el hecho de que un bolso de piel es un objeto "flexible" que se deforma y cuyas superficies son todo menos geométricas. Pero lo más divertido es modelar la cremallera. Un elemento que cuesta unos céntimos en la mercería, pero cuyo diseño e #impresión3d requería más tiempo y esfuerzo que trabajar unos cuantos meses de camarera haciendo horas extras para poder comprarse el bolso original. Al fin y al cabo, la solución más sencilla.

Y es que este tipo de cuestiones sin importancia a los "expertos" se les suele pasar por alto, y en un arrojo de valentía tipo kamikaze, la "articulista" nos enciende la expectación sobre la nueva tecnología afirmando sin rubor que "Las impresoras 3D profesionales fabrican ya de forma ‘habitual’ zapatillas, recambios de automóvil, gafas, instrumentos musicales, o incluso tejidos humanos (pero esto merece otro artículo)."

¡Banzaiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!

Aquí ya entramos en otro tipo de consideraciones semánticas, acerca de lo que significa la palabra "habitual". Porque como el lenguaje es de todos, ya sabemos que en este país lo que es de todos permite hacer con ello lo que nos da la gana. Incluso estropearlo. Y es que si por "habitual" entendemos la estupidez cotidiana con que contemplan el mundo y de la que se retroalimentan tertulianos, presentadores de telebochornodiario y articulistas como la que me ocupa esta mañana, "habitual" es un buen término para describir la cantidad de zapatillas, gafas (incluyendo los cristales graduados...¿por qué no?) y sobre todo, tejidos humanos, con los que convivimos a diario y adquirimos en el supermercado junto a generadores nucleares de bolsillo y micromáquinas del tiempo para poder viajar al pasado e informar a los padres de nuestra querida articulista, hace 30 años, de que van a tener que trabajar duro para que su hija adulta sea capaz de distinguir la realidad de la ciencia-ficción y aportar un mínimo de dignidad a la prácticamente extinta profesión periodística.

Lo curioso es que ella misma da un buen dato en el artículo acerca de las posibilidades actuales de la impresión 3d, afirmando que "la ‘tinta’ de las impresoras 3D consiste normalmente en plásticos o metales semifundidos que se solidifican al aire, o resinas que se endurecen con rayos UV", pero no parece entender del todo que a partir de plástico, metal o resina, no es posible crear ni tejidos, ni cuero, ni costuras, ni siquiera algo tan simple como una cremallera funcional.

Porque hay cosas como los tejidos, el cuero, el hilo, los adornos metálicos o las cremalleras, cuya fabricación tradicional es tan eficiente, sencilla y económica, que pretender fabricar un bolso en tu casa mediante impresión 3d es tan estúpido como comprarte una tierra y pasarte 20 años cavando, abonando, matando bichos y aprendiendo a cultivar lechugas para lograr comerte una ensalada (y si, nótese el símil con intención despectiva manifiesta).

Pero ya que nos ponemos gallitos, dejemos los bolsos a un lado. ¿Por qué no nos dejamos de tonterías y nos ponemos a "fabricar" un avión de pasajeros o un rascacielos mediante impresion 3d?.

En primer lugar, las piezas metálicas que los fabricantes de aviones crean mediante #impresion3d, utilizan una tecnología que poco tiene que ver con esas #impresoras3d de 400€ que venden en "la tienda de los que no son tontos" (y que por cierto, por 400€ lo que te dan es un kit y un manual de móntatelo tu mismo). Para este tipo de piezas se utiliza metal pulverizado que se solidifica mediante un láser industrial de alta precisión. A día de hoy, y hasta donde yo se, por ejemplo, se ha llevado a cabo la impresión de motores (las partes metálicas, se entiende, aunque puede que nuestra articulista no comprendiera que un motor es metal, sí, pero también un montón de cables, conexiones y elementos electrónicos que no son imprimibles), ofreciendo un resultado más ligero y con la posibilidad de generar piezas que con el proceso tradicional es imposible. Pero no son más que pruebas experimentales, ya que uno de los problemas de la impresión 3d, es que al pulverizar un material y volver a unirlo mediante un laser, las propiedades físicas resultantes no son equiparables a las del material original fundido, solidificado y endurecido en la forma habitual.

Pero aquí ya entramos en cuestiones técnicas de esas que arruinan la fiesta y es mejor ignorar, porque todos sabemos que "poner pegas" es simplemente el argumento habitual de los que nos negamos a ver el progreso y queremos vivir en cavernas.

Y así pasamos a los edificios imprimidos en 3d. Que es simplemente una forma molona de denominar algo que existe hace décadas y que hasta ahora se conocía como "bombeo de hormigón en moldes". Haces un molde de acero, lo rellenas de hormigón, lo desmoldas y con una grua pones la pieza donde haga falta. Lo que viene a ser el encofrado de toda la vida, vamos, pero en vez de hacerlo sobre el propio edificio convirtiendo toda la estructura en una única pieza entrelazada y reforzada en los puntos críticos, lo hacemos a piezas y las pegamos con cemento cola para garantizar la estabilidad de una estructura que tiene pinta de ser a prueba de terremotos. A prueba de que no haga falta un terremoto para que se venga abajo, quiero decir.

Muy bonito, y tan estúpido como imprimir un bolso en 3D, teniendo en cuenta que, por lo menos en España, el coste de la propia construcción es lo más asequible del coste final de la vivienda. Pero llamémoslo "Manolo con su hormigonera rellenando un encofrado", "impresión 3d de edificios", o como lo queramos llamar para rellenar ese incómodo espacio que se produce entre el inicio del telediario y el comienzo de los deportes, que el día que una parejita de recién casados chinos se decida por comprar su nueva casa imprimida en 3d, quizás se encuentre con que todo es una simple y pura tomadura de pelo, de esas de invertir en sellos, en árboles o en empresas respaldadas con botellas de brandy, y que con el tiempo, adoptan forma piramidal.

Porque nuestra querida articulista experta en el mundo digital, está tan centrada en las bondades de la impresion 3d e inmersa en descubrir sus entresijos, que se le ha olvidado mencionar, supongo que porque como experta en el mundo digital no ha sido capaz de llevar a cabo el esfuerzo que supone teclear "Winsun" en el buscador y hacer click en "Buscar", que esa fantástica empresa que mata moscas a cañonazos impriendo maravillosos edificios en 3d, es en realidad (presuntamente, por supuesto) una estafa piramidal.

Por ejemplo, visitas este enlace https://3dprint.com/57764/winsun-3d-print-fake/, y el mayor experto (eso dice él) en #impresión3d de estructuras de hormigón, afirma lo siguiente: "[this technology] is neither efficient nor revolutionary, and instead is much more expensive and inefficient than current manufacturing techniques." Es decir, que la tecnología que usa Winsun no es eficiente ni revolucionaria, sino que es más cara y menos eficiente que las técnicas actuales de construcción.

Lógicamente, lo del timo piramidal no me lo he inventado yo, que por lo visto soy más experto digital que nuestra querida artículista, y he podido descubrirlo en el siguiente enlace: http://qz.com/552005/chinas-latest-suspected-fraud-a-3d-printed-home-bui... 1.6 billones recaudados de "imbersores" ilusionados con esta nueva alquimia mágica que transforma la nada en cualquier cosa imprimida en 3d a partir de un simple hilo de plástico a 40€ el kilo. En edificios, en aviones, en portaaviones nucleares o en lo que haga falta. Incluso podemos imprimir un nuevo planeta y mandar allí a toda esta panda de indigentes mentales para que nos dejen tranquilos.

Y así, después de evangelizar y convencer al lector de que todo lo que hay a su alrededor ha sido imprimido en 3d, aunque él no pueda ver realmente nada porque todavía no quiere creer, y de que la industria tradicional, sucia y llena de obreros peleones y mugrientos, con sus luchas y sus derechos son solo recuerdos del pasado que ya no volverán (igual que su poder adquisitivo), por que la consigna actual es que todo lo analógico es malo, y todo lo digital es bien y más mejor, llegamos al desenlace del artículo para cerrar el círculo del miedo.

Cuidado, industriales, fabricantes y manufactureros del mundo, echaos a temblar que nuestra articulista se pone en plan Oráculo y debe vaticinar un mal augurio: "el inicio de un área de turbulencias para ciertas industrias de fabricación de productos de pequeño y mediano tamaño que hasta ahora se habían librado de la piratería."

¿Y en qué basa nuestra querida experto-analista-digital su profecía? En los datos de "3D Hubs", que afirman que hay ya unas 30.500 impresoras 3D repartidas por el mundo.

Probablemente, como experta, nuestra analista conozca perfectamente qué es 3D Hubs, pero, sobre todo, para el lector habitual de prensa escrita, mucho me temo que le pueda resultar complicado identificar que se esconde bajo este nombre. 3D Hubs en una plataforma online en la que cualquier propietario de una impresora 3D puede darse de alta y ofrecerla para imprimir cualquier proyecto que alguien que no disponga de una de estas máquinas, quiera sacar adelante. 3D Hubs dispone de esas 30000 impresoras "conectadas" a su servicio, pero eso no quiere decir que en el mundo haya 30000 impresoras 3D. Ni mucho menos. Pero nuestra analista-digital, obviamente, no es experta en entender este tipo de cosas. Ella está por encima de todo eso. Ella piensa que en 3D Hubs están todas las impresoras del mundo como una metáfora. Igual que cuando ves los cientos de miles o millones de seguidores que tienen algunas de las estrellas del youtube más famosas, y te piensas que esos cientos de miles son todos los tontos del mundo reunidos. Pero no es así. Hay muchísimos más.

Propietarios de impresoras 3d, y por supuesto, tontos.

No obstante, sigamos con la jusfiticación de la profecía que da cierre al artículo que nos ocupa: "pero para llegar a los 2,3 millones que predice Gartner para el año 2018, deberán bajar mucho los precios y, especialmente, simplificar el uso de estos dispositivos para todos los públicos." A mi me parece de mala educación citar una fuente en un artículo sin dar más explicaciones, pero nuestra articulista está tan segura de lo que dice, en ese estado conocido como fe ciega (la que se basa en la ignorancia más absoluta, que suele ser la más peligrosa), que tampoco se ve en la obligación de explicar al lector quién o qué es ese "Gartner". Pues bien, Gartner es una web que realiza estudios de mercado sobre nuevas tecnologías, utilizando sus innovadores métodos de análisis y consultoría, entre los que destacan los conocidos como "Cuadrantes Mágicos" y los "ciclos de sobreexpectación". Imagino, que estos métodos han sido desarrollados con los mismos fundamentos "científicos" que justifican que la generación mejor formada de la Historia de España se haya arrojado en brazos de otros innovadores "hechos científicos" como la homeopatía, las flores de Bach, la macrobiótica, el reiky, el método Waldorf para descubrir si tu hijo es el Elegido o las acciones de Bankia, todos ellos sobradamente contrastados. Por lo que podemos confiar en predicciones tan veraces como que en 2019 las ventas de impresoras 3d excederán los 14.6 billones de dólares, con más de 5 millones de unidades.

Yo sí pongo la fuente: http://blogs.gartner.com/pete-basiliere/2015/09/29/3d-printer-market-sal...

Me resulta curioso que nuestra articulista-experta-analista no haya tenido en cuenta, probablemente por su escasa importancia, que en el artículo se cita que el número de impresoras 3D vendidas en 2014 fue de más de 100000 unidades (alguna más que las 30000 que aparecen en 3d Hubs), pero lo que nuestra analista tampoco tiene en cuenta es que estas consultorías tienen como objetivo la generación de profecías autocumplidas como combustible ideal para la creación y mantenimiento de burbujas económicas de toda índole. Es decir, convences a la gente de que las ventas de la industria de impresión 3d en 2019 serán de 15 billones de dólares, con el objetivo de que los incautos inviertan sus ahorros en acciones de las empresas que venderán esos 15 billones, con el reclamo de unos beneficios que superan todo lo conocido.

¡Corre, que nos lo quitan de las manos!

Y como buena burbuja, mientras los inversores sigan añadiendo combustible, nadie se parará a verificar que esos datos son ciertos. Y nadie se parará a leer las noticias que hablan de recortes y cierres en las empresas del sector. Y nadie se entretendrá en comprobar que muchas de esas empresas son pequeños fabricantes que aparecen y desaparecen como el Guadiana. Y nadie se parará a revisar que muchas de las empresas que anuncian maravillosos proyectos innovadores en el mundillo de la impresión 3d, desaparecen a posteriori sin dejar rastro, porque la especulación se lleva la mayor parte de la inversión, dejando al I+D una cifra residual. Y nadie se parará a investigar las cifras de ventas de impresoras de 3D en España, donde el dinero del Estado (que como todos sabemos, no es de nadie) es el principal alimento que rellena la saca habitual de los amiguetes, con la excusa de la educación, eso si, la educación por encima de todo, permitiendo que la industria patria de impresoras 3D subsista de las migajas que les deja el triángulo verde por el indispensable trabajo de hacer de intermediario. Por poner un ejemplo.

Hasta el día en que la burbuja explote y todo el mundo diga "ya lo sabía yo. Con un hilo de plástico que se calienta y deposita en capas mediante el movimiento de un cabezal en 3 ejes ortogonales, no era posible imprimirme una copia de ese bolso tan mono de 3000€. Mucho mejor comprarlo de marca blanca en el mercadillo".

Porque si algo tienen en común los "himbersores" y los expertos económicos, y por eso quizás van siempre de la mano, es la absoluta incapacidad para predecir qué sucederá mañana, así como la extrema habilidad de predecir lo que sucedió ayer. Y para terminar con mi comentario de texto, llegamos a una conclusión repleta de certezas sobre el futuro, porque como bien dice nuestra amiga articulista-experta-para-todo-digital, lo "único" que le falta al mundo de la #impresion3d es "simplificar el uso de estos dispositivos para todos los públicos".

Casi nada.

Pero no perdamos la esperanza. Yo me he pasado buena parte de mi vida leyendo libros de ciencia-ficción como los de Asimov, en que los niños del futuro que en aquel tiempo pasado era este presente, a sus 7 años descubren los entresijos de la navegación astroespacial con unos simples conocimientos en matemáticas avanzadas multidimensionales, mecanofísica cuántica, y por supuesto, lectura y comprensión de palabras de más de 3 sílabas y oraciones con sujeto y predicado.

Y aquí estamos, en 2016, con niños de 7 años que montan huelgas y revueltas en sus colegios porque la cartilla Micho es demasiado avanzada para sus capacidades (y las de sus progenitores) y les requiere un esfuerzo sobrehumano. Pero todo está bien. Porque puede que no sepan manejar una impresora 3d, y que las predicciones de Gartner no se cumplan, y que la piratería no acabe con la artesanía del cuero y la confección, pero cuando sean mayores serán tan estúpidos como para leerse este artículo del 20 minutos (si es que saben leer) y no se sentirán tan indignados como yo como el desprecio más absoluto a la inteligencia que supone vivir la vida sabiendo que hay "expertos" como nuestra querida articulista, cuya única experiencia es la de promover cada día el crecimiento incontrolado del desprecio a la racionalidad y a la inteligencia, y de la apología de la estupidez más vacía y absoluta.

A cambio de unas monedas de plata.